José Camacho de Mendoza completó su formación fuera del taller paterno gracias a su especialización en la labra de la piedra. Fue precisamente el uso de este material lo que le condujo por unos derroteros alejados de la imaginería lígnea que tanta fama dio a su progenitor. Su labor escultórica en las fachadas de la Colegial le llevaría a ser reclamado luego en Cádiz para cuya Catedral, también edificándose entonces, hace una serie de capiteles. En 1750 parece que participa en esa obra familiar que fue el retablo mayor de Santiago, para el cual esculpiría el sotabanco de jaspe que sirvió de basamento al monumental conjunto. Por otra parte, hay que resaltar que en la catedral gaditana coincide con el gran maestro del rococó hispalense Cayetano de Acosta, quien lo pondría en contacto con sus clientes sevillanos. De hecho, en 1752 se compromete a concluir los marmóreos retablos colaterales de la iglesia del Sagrario de Sevilla, donde asimismo está probada la intervención de Acosta. Sin embargo, pese a lo interesante de este encargo, José Camacho no cumplió el contrato. El motivo: "precisarle pasar prontamente a los Reinos de las Indias". De este modo, en torno a 1753 se traslada a la ciudad mexicana de Veracruz, donde trabajó como arquitecto. Esta transformación laboral es llamativa pero no del todo sorprendente. Algunas fuentes hablan de un tal Mendoza identificable con él, criado en la obra de la Colegial con Ignacio Díaz y que dirigió la construcción del arrecife o camino de Jerez a El Puerto. En Veracruz lo encontramos desde 1756 como maestro mayor de cantería e inspector de fortificaciones, levantando la torre de la casa capitular veracruzana en 1774. Allí fallece hacia 1782. Jerez perdió un prometedor escultor con su marcha. Con él feneció, además, el estilo creado por su padre, Francisco Camacho.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios