Se anuncia que el Ayuntamiento sacará a licitación el próximo mes la obra de asfaltado del llamado "eje Corredera-Esteve-Cerrón". La futurible historia basada en hechos reales que ocupó hace dos semanas esta columna parece que podrá materializarse en menos de un año. Con esto parece agotarse ya cualquier intento de un necesario debate. Pues, admitiendo la necesidad perentoria de actuar y la limitación presupuestaria, pero también lo céntrico del enclave, hay que ser consciente de que el tema no debe plantearse desde posturas inflexibles y ajenas a un diálogo sosegado e integrador, de verdad, de todas las partes implicadas directa o indirectamente.

Pero, ¿hay en realidad alternativas? La última propuesta, que sería la elegida de manera definitiva, implicaría un asfaltado con unas someras líneas de adoquines para delimitar los carriles y pasos de peatones. Una supuesta solución salomónica que, sin conocer el diseño final, a muchos jerezanos, defensores o detractores del adoquinado, nos parece ilógica; y, desde luego, menos ambiciosa que el proyecto inicial de disponer sólo de líneas de rodadura de alquitrán sobre el tradicional pavimento. Dinero y tiempo son justificaciones, o excusas, para no mantener los adoquines preexistentes. Sin embargo, con un ajustado presupuesto, ¿es necesario ahora intervenir en el acerado y construir una plataforma única? ¿No podría actuarse por fases en función de mayor a menor deterioro, conservando lo que hoy tenemos? O, como última opción, ¿no sería posible instalar los adoquines más planos, y por ello emisores de menor "contaminación acústica", que han dado un buen resultado en calles Ponce o Merced? Estamos perdiendo en este caso la belleza artesanal de nuestro genuino adoquín pero, incluso con esa triste pérdida, se obtendría un resultado más estético que el inapropiado asfalto.

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