La calidad que aporta el terruño del Marco de Jerez a sus vinos es indudable. De esta tierra, rica en minerales nacen verdaderas joyas enológicas reconocidas en todo el mundo. Los jereces, generosos y dulces de uva blanca - palomino fino, moscatel y pedro ximénez - que envejecen durante al menos dos años para convertirse en nuestro vino. Todo amparado por un Consejo Regulador y por ende una Denominación de Origen, de las más antiguas de España. Pero, ¿qué hay antes del jerez?. Hay grandes vinos blancos. Jóvenes. Sin y con crianza. Vinos nacidos de un mismo origen. De su tierra albariza y de la palomino que cubre más del 80% de los viñedos jerezanos. Blancos de albariza. De la tierra milenaria donde nace una uva permeable - la palomino - capaz de llevar consigo la mineralidad y la acidez de un terroir privilegiado. Blancos, que elaborados con calidad servirían para explicar mejor los jereces e introducir al público inexperto en este campo vitivinícola. Y comprobar la evolución desde meses más tarde de su fermentación. Con las diferencias entre hacerlo en depósitos de acero inoxidable o en botas de roble americano. Dejándolos criar por menos de dos años. Dando lugar a los conocidos como vinos de pasto que crían velo de flor pero que no llegan a convertirse en finos o manzanillas. Esta evolución ya se explica con los blancos de la Indicación Geográfica Protegida Vinos de la Tierra de Cádiz, pero sería un acicate importante para este tipo de vinos estar amparados por el Consejo Regulador de la D.O. Jerez y la D.O. Manzanilla de Sanlúcar. Siempre, lógicamente, que sean admitidos tan solo aquellos que tengan una calidad óptima para su consumo y a su vez, un precio adecuado que ponga en valor la importancia de este tipo de vinos. Ojalá el Consejo Regulador ya esté trabajando en ello. Y esperemos que pronto se convierta en realidad.

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