Bodones

"Nos gustan las bodas bíblicas en las que no se acaba ni el vino ni la fiesta".

España se rinde a las grandes bodas, a su fascinación de alfombras, tules, campanas y promesas de amor eterno. En eso tenemos algo de gitanos, nos gustan las bodas bíblicas en las que no se acaba ni el vino ni la fiesta. Las familias reales, antes los toreros y ahora los futbolistas, nos regalan sus excesos para que podamos imitar o criticar todos sus detalles. Porque una boda parece ser eso, una exhibición de detalles, un afán por hacer especial y distinto lo consabido.

Los novios buscan sorprender y, quizás por ello, las bodas se han convertido es una sucesión de sorpresas no para los propios novios sino para los invitados que han de permanecer alerta e interactuar en el espectáculo.

Por discretas y elegantes que sean las familias, en las bodas actuales hay preboda, discursos a lo "Cuatro bodas y un funeral", bandas sonoras hollywoodenses, suelta de globos o palomas, baile de los novios antes del banquete, set de maquillaje, rincones bucólicos para fotografiarse, drones sobrevolando nuestras cabezas, coreografías, juegos de iluminación, fuegos artificiales, mariachis, flamenco, grupitos de música, pinchadiscos para los descansos de los grupitos, tonterías varias para disfrazarse y posar ante la polaroid, fotógrafos que lo inmortalizan todo, comida sin fin, chuches, recena, churros con chocolate y un arsenal de detalles para los invitados (abanicos a la puerta de la iglesia, alpargatas para el cansancio, un invento para impedir que los tacones se hundan en el césped, un alfiler historiado y, para rematar, un recuerdo kitsch que nunca tiras pero que mantienes escondido para los restos). Eso sí, la tarta nupcial ha caído en desgracia.

No sé qué novedades habrá a estas alturas porque hace dos meses que no voy a una boda y estoy anticuada.

Los regalos también son particulares porque, aunque todos los novios lo que quieren es dinero, unos lo piden directamente con una tarjetita en la invitación con el número de cuenta, otros te remiten a una página web en la que te cuentan el viaje de luna de miel o te fraccionan las excursiones para que regales alguna.

Los más altruistas, a la manera de los ricos, te cuentan la obra benéfica con la que piensan colaborar para que tu mano derecha sepa lo que hacen ellos con su izquierda.

Todo romántico, excesivo y desfasado para aquellos que nos casamos con miedo y en familia porque no pudimos hacerlo por poderes. Vivan los novios.

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