Desde la ciudad olvidada

Caballos de la irrealidad

La ciudad oficial celebra estos días la fiesta dedicada a uno de sus emblemas. Mientras, la otra ciudad permanece muda, lejos del estruendo de las casetas, teniendo mucho que contarnos del animal que mejor ha representado las desigualdades en una sociedad como la jerezana. Caballo y nobleza es, de hecho, un binomio arraigado desde la Edad Media por la guerra en la frontera y por su versión lúdica en los juegos de cañas en la Plaza del Arenal. Espacio que desde 1929 luce el que podría pasar por ser la más perfecta escultura equina de Jerez. Una obra que es un buen recordatorio de que el caballo fue un indudable signo de poder pues los retratos ecuestres estuvieron siempre reservados a emperadores, reyes… y caudillos. La Historia, la realidad, no suele dejar indiferente. De ahí que se cuestione.

El mito no despierta, en cambio, tanta pasión, y menos en el mundo del materialismo. El arte aquí también permanece mudo, o indescifrable, ante representaciones que ya dejamos de entender y que, además, quedan casi ocultas en una frondosa selva decorativa que lo hace "invisible". En este contexto, ¿qué mejor fantasía que ese irreal caballo llamado unicornio que figura como símbolo de la virginidad en la capilla de la Consolación de Santo Domingo? Más reales y más oscuros de significado son los que sucumben violentamente junto a carros de guerra en la fachada del Cabildo o los metamórficos cuyas bridas dominan guerreros en la portada principal de Bertemati. Otros, los del carro de fuego de Elías pintados en uno de los salones de Villapanés, que llevan al profeta al Cielo, nos hacen valorar el bello animal como un elemento más de un valioso conjunto de pintura mural rococó que "no existe" por no ser conocido y cuyo riesgo de desaparición es, por ello, muy alto.

Lo prosaico frente a la fantasía y a la estética, una vez más.

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