La Princesa Leonor ha inició ayer una nueva andadura: la de presidir un acto en solitario, el 30 aniversario del Instituto Cervantes. Lo ha hecho a la misma edad que su padre, 15 años, y en los dos casos en una conmemoración de tipo histórico cultural. Don Felipe acudió al 450 aniversario de la fundación de Cartagena de Indias, donde el presidente Belisario Betancourt le recibió con los máximos honores. Ya se encontraban allí Felipe González y Carmen Romero, muy pendientes del Príncipe de Asturias, con el que cenaron en privado junto al presidente colombiano.

A la Princesa de Asturias la acompañaba la vicepresidenta Carmen Calvo y, si era un acontecimiento en el que importaban mucho los gestos, hay que reconocer que el director del Instituto, Luis García Montero, uno de los más importantes intelectuales y políticos de la izquierda, candidato en 2015 a la presidencia del Gobierno madrileño por Izquierda Unida, tuvo un trato de deferencia hacia Leonor, a la que dijo que le complacía su visita.

Este primer acto de la princesa en solitario tiene un significado indiscutible: la continuidad. La Corona no atraviesa su mejor momento, con un Gobierno del que forma parte un partido que no pierde ocasión en exigir la abolición de la Monarquía, y un presidente que, si bien ahora muestra su apoyo incuestionable a la Institución, hasta hace pocos meses marcaba distancias con el rey Felipe VI. De la Casa Real no ha salido nunca un reproche, las relaciones del Rey con el jefe de Gobierno son tan impecables como deben serlo, y se ha entrevistado con Pablo Iglesias cuando marcaba la agenda, de forma también impecable por parte del Rey, aunque no tanto del todavía vicepresidente segundo.

La decisión de ampliar las responsabilidades de la Princesa de Asturias indica que sus padres son conscientes de que debe cumplir con las obligaciones propias de quien, según la Constitución, ocupará un día la Jefatura del Estado. Es la razón de que se haya decidido que complete sus estudios en un colegio de Gales que destaca por sus métodos de formación y su apuesta por la multiculturalidad; y es la razón de que, con sólo 15 años, presida ya actos institucionales.

Se ha elegido uno muy adecuado: los reyes de España son presidentes de honor del patronato del Instituto Cervantes, que está dirigido por una personalidad indiscutible de la izquierda republicana, lo que demuestra que la Corona respeta todas las opciones políticas.

García Montero ha estado a la altura: respeto también por su parte y trato afectuoso con la Princesa. Como hacían los republicanos en tiempos de la Transición, no como los que siguen las pautas que marca Pablo Iglesias.

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