Como no hay problemas que solucionar, como la situación está muy tranquila y el discurso cotidiano es el más normal del mundo, nuestro Ministro de Ciencia y Tecnología -sí, ese que fue astronauta- y el máximo responsable de los asuntos de la pandemia -efectivamente, ese que sale todos los días vestido con una chamarreta del Primar- , pues esas dos eminencias, dejaron lo que estaban haciendo o tenían que hacer y se pusieron a explicar a los niños lo que era la pandemia, cómo se debía poner una mascarilla y otros cosas de, al parecer, mucha importancia y que sólo lo podían hacer ellos para que los muchachos se enteraran. Edificante. Pone los vellos de punta viendo cómo se preocupan de nuestros jóvenes. El futuro, así, está asegurado. Y, también lo está, que se lo digan a los padres, con la forma cómo han ideado esa teleenseñanza para estos días sin colegio. De verdad que la estulticia de algunos ya es seriamente preocupante. Cuando a los pequeños de la casa habría que intentar tenerlos tranquilos - bastante tienen ya con llevar mes y medio encerrados -, se les agobian - a ellos y a sus padres - con unas tareas absurdas, incomprensibles, faltas de rigor, promovidas por mentes calenturientas que no saben ni lo que son los niños ni lo que es una escuela ni, mucho menos, la realidad social en la que viven algunos -muchos no tienen ordenador - y cómo se desarrolla su existencia, en estos momentos, en una casa donde hay niños y padres casi sin poderse mover. Surrealismo puro. Y mientras, los maestros convertidos en telepredicadores de nada, por nada y para nada. Ahora, algún iluminado, parece que hasta que se les lleven los materiales del tercer trimestre a las casas porque si no las pobres criaturas van a sufrir un penoso e irrecuperable atraso en su evolución discente. Ole. Este país no tiene arreglo.

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