Jerez íntimo

Marco Antonio Velo

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Jerez in situ: Iñigo, Sacri y cofrades del Viernes Santo

Alfa: Hay quien, abstraído por la catarsis del mollate y en calidad de espontáneo en plaza ajena, es capaz de bailar el candombe afrouruguayo allí donde el personal celebra una clásica zambomba jerezana. Estos ojos que se han de comer los gusanos han visto -como una singladura de apoteosis unilateral- el arte despacito y a compás de un africano con hechuras de Antonio el bailarín. ¡Esto sí que es mezcolanza cultural sin necesidad de dolientes efebos! Las zambombas dan para mucho. Hasta para arbitrajes en mentideros de toma y daca. Y para parlamentos burlones. Para risotadas y para una pléyade de confesiones en off. Y para escaqueos -sobre todo a la hora de pedir la cuenta- con título de obra de Walter Riso: “Desapegarse sin anestesia”. Una zambomba da para largo. Para ademanes vertiginosos de quienes te dedican abrazos como costaladas de padre y señor mío. En zambombas he saludado a antiguos conocidos como Iñigo Pérez de Azpillaga. Mi infancia son recuerdos de un patio del interior del convento de Santo Domingo mientras Iñigo andaba entre bromas y veras con su incondicional Sacrificio Martínez Romero ‘Sacri', fallecido contra natura y prematuramente en un aciago entrecruce del destino. A veces la memoria ahuyenta los espectros de cualquier tragedia injusta. Todas lo son. ¡Qué garrapateado y garabateado es el sino a veces! A Sacri lo lloraron entonces una legión (innúmera) de amigos. Los tuvo a puñados. Entre ellos excelentes personas como Álvaro Argüelles Pérez, Pablo Merello Díez o Alberto Saldaña Corrales.

Beta: La afinidad latente y la admiración recíproca entre las Hermandades de El Cristo y las Cinco Llagas es una realidad –en lo visible y en lo invisible- que a nadie escapa. Quedaron unidas ambas corporaciones a partir de la transversalidad de un hermoso imponderable: la necesidad de estancia en casa ajena. Beatius est magis dare quam accipere. Vivencias y complicidades compartidas y selladas -para los restos- en las actas no escritas de la memoria. Sic Luceat Lux Vestra. Dos cofradías que se quieren, se ayudan y desean emprender acciones conjuntas en lo sucesivo. La química y la alquimia fraguada entre iguales en este caso es como un verso sacramental de Gerardo Diego: traspasa las lindes de lo contemporáneo. Desde que la Hermandad de San Telmo tomara posada en San Francisco comenzó a deslizarse una especie de glissando institucional que al cabo convergió -a la llegada y a la despedida- en un doble abrazo de amor fraternal. ¿Estoy en lo cierto, Carmen Alonso? Durante años El Cristo y las Cinco Llagas somatizaron un monologue intérieur de comunión corporativa. Ahora, en la rúbrica de una patente con sabor añejo -¡ah la categoría de las cosas sencillas!-, sendas cofradías hacen público cuanto tácitamente ya venía cimentándose a todas luces por ambas partes: la noble intención de hermanamiento. Credo ut intelligam. Lo dijo San Agustín.

El pasado día 18, durante la Función Solemne de la Virgen de la Esperanza, ambas Mesas de Hermandad alinearon sus varas y estandartes. Y como en una transmutación del tiempo, todo adquirió dimensión de título de libro de Milan Kundera: “La vida está en otra parte”. Por esta razón, y como regresados de la historia que nos antecede, en San Francisco estuvieron de nuevo -como las mismas rosas en idéntico preludio del incienso- cofrades de las cinco de la tarde y cofrades de la Madrugada Santa: abrazándose entonces Manuel Martínez Arce y Miguel Ruiz Ruiz, Ricardo Álvarez y Manolito Guerrero Ramos, Antonio Romero y Enrique Fernández de Bobadilla, Juan González y Pepe Soto, Ramiro Fernández-Gao y Francisco Morales Torres, Manolo Lozano y Uberto Piñán… ¡Qué legión de ejemplares cofrades aquellos entre el Campillo y la Plaza Esteve! ¡Siempre queriendo todos con locura a sus Hermandades! ¡Siempre al pie de cañón! ¡Siempre comprometidos, siempre construyendo, jamás criticando a los suyos! ¡Muchos son los llamados y qué pléyade de elegidos estos cofrades del Viernes Santo! ¡Qué hermanos más hermosamente hermanados!

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