Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

La absoluta soledad del ganador

Ser ganador y aceptar la soledad está al alcance de muy pocos

Carlos Sainz fue un ídolo nacional a comienzos de los 90 cuando se alzó con dos títulos mundiales de rallyes. Años después llegaría el declive que culminó con la célebre frase de Luis Moya, su copiloto, quien gritaba eso de "Trata de arrancarlo Carlos, por Dios, trata de arrancarlo". Después, los memes, el ídolo caído, el ostracismo.

Seas vitoreado y ensalzado en la victoria, o seas abucheado por el simple hecho de ganar en campo hostil, al final, más pronto que tarde, sentirás la frialdad de la soledad. Lógica la que emana del público contrario y aunque a la corta parezca imposible, a la larga hasta tus seguidores te dejarán solo y te cambiaran por nuevos ídolos. Es tanta la envidia y/o idolatría que te tienen que acabarán culpándote de todos sus miedos, defectos, de sus complejos, de sus debilidades, de sus miserias.

Carlos Sainz se reinventó y a través del Dakar ha vuelto a escuchar miles de alabanzas. El 'Matador', el 'Rey' le dicen. A Nadal lo hemos enterrado varias veces, a Fernando Alonso, a Dani Pedrosa y a Jorge Lorenzo también. Es la paradoja de la vida llevada a su máxima expresión.

Siempre estarás solo, incluso cuando te abrazan, cuando te llevan en hombros, cuando presumen de ti, cuando te muestran al mundo como su ídolo. Todo es mentira, efímero, injusto, pero real. El fan de tu rival te odiará siempre, aunque por lo 'bajini' diga "qué bueno es el 'cabrón". Tu propio forofo, el que te vitorea , quien presume cada día de ti, en el fondo te utiliza para sublimarse ante sus fracasos. Tarde o temprano estará dispuesto a sacrificarte. En la carrera deportiva o en el camino de la vida, la soledad te acompañará, aunque la efímera euforia de la victoria disfrace algunos momento de admiración, de mucho amor y respeto a tu alrededor. Naces solo y mueres igual.

Ves a Carlos Sainz cruzarse con Alonso y lo entiendes, claro, si estás dispuesto a entenderlo. Ser ganador, talento aparte, requiere de una capacidad única para aceptar la soledad. Para saber que lo conquistado no sirve y que solo vale ser humilde y aceptar la cruda realidad.

Ser ganador y aceptar la soledad está al alcance de muy pocos, básicamente porque los que te encumbran, los que te idolatran, tus más fieles seguidores, siempre van a exigir de ti lo que tú no eres, siempre te querrán como un dios a imagen y semejanza de sus miserias, defectos, miedos, complejos y jamás permitirán que seas únicamente un ganador gracias a tus virtudes y tus defectos, un ganador que necesita comprensión, apoyo, respeto, ayuda y sobre todo, amor. Es la absoluta soledad del ganador.

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