A lo largo de los casi seis años de vida de esta columna han desfilado un buen número de los protagonistas de la historia de la arquitectura jerezana. Nombres más recientes, como Fernando de la Cuadra o Francisco Hernández-Rubio; creadores de la Jerez decimonónica, como José Esteve o José de la Coba; y, ya en la Edad Moderna, otros, como Juan Díaz de la Guerra. Todos ellos contribuyeron a levantar la imagen de la ciudad, no sólo a través del diseño de casas, bodegas o iglesias, sino también mediante la intervención en el urbanismo. No fueron los únicos. En esta ocasión quiero recordar a un maestro de obras al que me siento ligado desde mis inicios como investigador. Me refiero a Juan de Bargas. El que construyera una de las grandes casas del XVIII, el Palacio Bertemati, fue un personaje fundamental en el periodo "rococó" local y así fue valorado por sus contemporáneos.

Se supone que Bargas, con "B", como firma en diversos documentos, nació en Jerez y se formó con su padre, Alonso, un arquitecto del que muy poco sabemos. Juan cultivó un barroco dinámico y enfático en sus obras, siendo la portada principal de Bertemati una expresiva muestra de su capacidad como tracista. Muy efectistas son también sus espadañas para las iglesias de Santiago y San Marcos. Su labor en el ámbito de la arquitectura doméstica está probada asimismo por otros trabajos, tanto en Jerez, como en ciudades cercanas como Cádiz, observándose la huella de su estilo además en la casa de la calle Corredera nº 35 e incluso siendo evidente que influye o colabora con Díaz de la Guerra en el Palacio Domecq. Al final de su vida, estuvo a cargo de la obra de la Colegial, a la que se dedicó hasta su muerte en 1792. Eran ya otros tiempos y el Neoclásico se imponía. Otro posible miembro de la saga familiar, José de Vargas, recogerá entonces el relevo.

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