Desgraciadamente, estos días tan soporíferos de calor se echa de menos en algunas zonas de la ciudad aquellas míticas quedadas de los vecinos para tomar el fresco a las puertas de su casa. El clásico ventilador no podía refrescar aquellas habitaciones caldeadas por el sol durante todo el día, llevando a la misma calle a todo un barrio. Recuerdo con cariño aquellas noches estivales a las puertas de la casa de mi abuela. Al fresco, con la típica silla de playa, el butacón o una simple silla, vecinos y vecinas hablaban de todo sin importarle la hora. Era como si el tiempo se detuviese en medio de una calma inmensa. Todo aquello ha ido desapareciendo de nuestra vida diaria hasta el punto de aislarnos de todo lo que nos rodea. Afortunadamente, todavía hay barrios y calles en los que las tertulias y este ambiente distendido al fresco sigue fluyendo, es lo poco que nos queda de un tiempo pasado, que para mí fue mejor.

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