De Jerez a México. De escultor a arquitecto e ingeniero. Así fue la trayectoria vital y profesional de José Manuel Camacho de Mendoza, el que podría considerarse, a día de hoy, como el principal discípulo de su padre, Francisco Camacho. Nacido el 4 de abril de 1708, José vendría al mundo en la casa familiar de la actual calle Guadalete, siendo bautizado en la Parroquia de Santiago. En el taller paterno debió de aprender el arte de la escultura, colaboraría en la talla de imágenes y retablos y, probablemente, empezaría a esculpir la piedra, material en el que se especializaría. La cercanía de Jerez a varias importantes canteras de piedra llevó a muchos de los escultores activos en la ciudad durante los siglos del Barroco a habituarse a la labra de la arenisca autóctona. El propio Francisco consta que ejecutó las tres esculturas pétreas del trascoro de la Parroquia de Santa María de Arcos de la Frontera en 1731, en las que un joven José Camacho, con unos 22 años, pudo intervenir. Lo mismo cabe pensar que ocurrió con otro trabajo muy similar hecho por esos años, los profetas y sibilas del antiguo coro de la iglesia jerezana de San Lucas, templo en cuya transformación decorativa está probada la labor de un "maestro Mendoza" identificable con su padre. Pero fue en la obra de la entonces Colegial donde José dio muestras de su personalidad artística, muy ligada al estilo de su progenitor. Entre 1737 y 1740 haría toda la decoración escultórica de las fachadas principal y laterales. Por afinidad y cercanía de fechas, también se le atribuyen con acierto las bellas figuras que decoran la portada exterior del Sagrario de San Miguel y las laterales del presbiterio de la Cartuja. Su creciente fama fuera de Jerez provocará que terminase sus días muy lejos de su tierra natal. Aunque de eso hablaré en una próxima ocasión.

MÁS ARTÍCULOS DE OPINIÓN Ir a la sección Opinión »

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios