En tránsito

En la isla de Laputa

Es difícil imaginar a unos dirigentes que vivan más alejados de la realidad

En uno de los Viajes de Gulliver, el deán Swift describió la isla de Laputa, una isla voladora habitada por unas gentes que poseían grandes conocimientos científicos pero que eran incapaces de relacionarse con la vida real. Los laputianos -creo que ese era el gentilicio- levitaban constantemente porque habían conseguido superar la ley de la gravedad. Como se pasaban la vida mirando las estrellas, habían desarrollado un severo estrabismo: un ojo miraba hacia arriba mientras que el otro miraba hacia abajo. No sabían vestirse con ropa adecuada, ni construir casas cómodas, pero eran capaces de calcular las distancias siderales y de oír la música de las esferas. Tan absortos estaban en sus cábalas intelectuales que no podían mantener una conversación normal con otra persona. Cada vez que intentaban llegar a algún sitio, se caían en una zanja o chocaban con un árbol, hasta el punto de que tenían que contratar a un sirviente que les sacara de su ensimismamiento golpeándolos con una bolsa llena de guisantes. Todo conocimiento que se fundara en la experiencia y en la observación directa les parecía vulgar y mecánico y por eso lo despreciaban.

Se dice que Swift, al imaginar la isla de Laputa, quiso burlarse de los sabios de la Royal Society de su época, pero yo creo que cuando imaginó la isla voladora de Laputa en realidad estaba profetizando cómo iban a ser los actuales políticos de la Unión Europea, y sobre todo los políticos de esa nueva isla de Laputa que nosotros todavía llamamos España. Es difícil imaginar a unos dirigentes que vivan más alejados de la realidad y que se empeñen en confundir sus sueños y sus maquinaciones con la áspera verdad de los hechos observables. A nuestros nuevos laputianos, siempre perdidos en su isla voladora, lo único que les interesa son los gestos huecos, la palabrería engañosa y la propaganda continua. Tan lejos llega su capacidad de autoengaño que ya no saben en qué mundo viven. Y por desgracia, no hay nadie que los pueda sacar de su ensimismamiento con una bolsa llena de guisantes.

Aquí mismo, el Gobierno prevé invertir 24.000 millones de euros en un plan de construcción de vehículos eléctricos. Gran idea, justo cuando el precio de la electricidad está por las nubes y cuando se están cerrando todas las centrales nucleares. Bienvenidos a la isla de Laputa, amigos.

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