LA moción de censura no llevará al Gobierno a Vox, por lo menos no ahora, pero mueve el tablero. Con dos partidos que sacarán provecho a la iniciativa parlamentaria. Uno, el propio Vox, que ha sabido encontrar su espacio. Dos, el PSOE, porque la moción de censura no va a triunfar y además porque Abascal le hará el trabajo a un Sánchez que ataca al PP tratando de identificarlo con Vox para formar conjuntamente una fuerza de "ultraderecha". Por eso está siendo tan difícil para el PP definir su posición. Si apoya la moción para expresar su rechazo rotundo a Sánchez, será Abascal el que capitalice ese voto. Si se abstiene, se le dirá con razón que en momentos difíciles hay que tomar decisiones valientes, no vale ponerse de perfil. Si vota no, habrá votantes del PP que se pasen en manadas a las filas de Vox, desde donde se le acusará de bailarle el agua a un Sánchez que lleva a España al desastre.

Ese voto negativo sólo dejaría al PP en buen lugar si se explica con inteligencia, con una crítica demoledora al Gobierno y poniendo en valor que el PP tiene sus propios principios por defender, no necesita defender los de otro partido. Ese discurso, difícil, sólo lo puede hacer Pablo Casado, no puede dejarlo a la portavoz Cuca Gamarra ni al secretario general Teodoro García Egea. Hay momento en los que los líderes están obligados a demostrar que son los líderes.

Sánchez basa su estrategia en presentar a España como un país dividido en dos grandes bloques, el progresista, que es el que defiende, y el de la derecha que no es capaz de asumir los cambios a los que obliga el siglo XXI, derecha que por supuesto identifica con Vox y PP. Cuidado con ir sobrado en el debate, porque Vox no es un adversario menor y cuenta con tres o cuatro parlamentarios que saben ir directos a la yugular. Pedro Sánchez no se irá de rositas del debate. Saldrá vencedor por no perdedor, pero trasquilado, porque los de Vox pondrán todo su empeño en dejar sus vergüenzas al aire, y tienen material más que sobrado para hacerlo. Aunque Pedro Sánchez no responderá a las acusaciones y atacará con saña a quien pone en cuestión su forma de gobernar.

Felipe González presentó en tiempos una moción de censura con el único fin de demostrar que era un político sólido, fiable, con proyecto. Las siguientes elecciones municipales fueron un paseo militar para el Psoe y, dos años y medio después de la moción González era presidente de gobierno. Antonio Hernández Mancha presentó una moción nada más ser elegido presidente de Alianza Popular. Nunca lo hubiera hecho: no fue el PSOE el que le mandó a casa menos de dos años después, sino su propio partido.

Y es que las mociones de censura las carga el diablo.

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