Relato María Von Campo

Angeles / Bueno / Trujillo

Mi paraguas amarillo

ME lo compró mamá un día que fue al centro a recoger los uniformes, y me dio la sorpresa.

Yo tenía un impermeable de plástico que olía igual que cuando entramos en Pleximax, y también las botas de agua del año pasado que me tocan el dedo gordo del pie pero que mamá dice que me sirven porque están como nuevas. Y ahora tenía mi paraguas amarillo con los remates negros y estaba deseando estrenarlo. Después de un verano tan caluroso, nada más levantarme, miraba el cielo, y aunque no llovía mis amigas se acostumbraron a verme cargar con el paraguas camino del colegio, pero no podía abrirlo porque da mala suerte abrir un paraguas si no llueve. Estaba desesperada igual que los agricultores. Pasaban los días soleados uno tras otro, y no llovía. El campo necesitaba agua y empezaron a hacer Rogativas a la Virgen para que lloviera. Cada noche, en la tele Mariano Medina decía que iba a llover pero por la mañana amanecía despejado. Y yo seguía mirando el cielo como los agricultores.

La noche que Mariano Medina dijo que no iba a llover amaneció lloviendo, con rayos y truenos como en las pelis de miedo. -¿Cómo puede Mariano Medina equivocarse tanto?-. No me lo podía creer, las Rogativas a la Virgen habían hecho efecto. Desayuné corriendo y me puse en la puerta con mi impermeable que huele como la tienda de Pleximax y las botas de agua del año pasado que me tocan el dedo gordo del pie pero que me sirven porque están como nuevas.

-Con este tiempo no podéis ir al colegio -dijo mamá.

Yo le enseñé todo mi equipo de agua. Era imposible que me mojara. Pero no hubo forma de convencerla. Cuando mamá piensa algo, lo piensa con todas sus fuerzas. No había solución posible y no pude estrenar mi paraguas.

Cuando escampó y se aclaró la tarde, me fui con mi paraguas amarillo debajo del balcón de Teresa la vecina que estaba regando las macetas.

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