La pareja feliz tiene muchos motivos para su felicidad, aparte de su amor compartido: suman entre los dos unos fuertes ingresos, que se prolongarán durante dos años si algún día salen del Gobierno, aunque reducido al 80%; viven en un buen chalet cerca de Madrid y es difícil que pierdan su empleo actual porque Pedro Sánchez no está dispuesto a perder el Gobierno, y eso depende en buena parte del apoyo de Podemos.

Iglesias lo sabe perfectamente y estira la cuerda mucho más de lo que hasta ahora era admisible en la política española: incluye a su señora en el Gobierno e impone políticas que Pedro Sánchez traga porque no acaba de entender que podría plantarle cara a Iglesias porque de ninguna manera quiere perder la vicepresidencia. Iglesias se permite anunciar medidas que no ha aprobado el Gobierno, discrepar en público sobre propuestas de ministros socialistas, y también, como acaba de hacer su pareja, se permiten el lujo de filtrar un borrador sobre la transexualidad que ha provocado tal espanto en Ferraz que desde Moncloa no han tenido más remedio que advertir que de lo filtrado, nada.

El borrador ha quedado en segundo plano ante la información que conocieron nada más despertarse: tienen como cuidadora de su hija pequeña a una dirigente de Podemos, como ha denunciado la ex responsable de los dineros del partido. La cuidadora ha recibido un salario público como diputada y después como miembro del equipo de Montero en el Ministerio. No se sabe si la pareja feliz le daba algún tipo de salario por su ayuda con el bebé, pero lo que sí se sabe, porque lo ha publicado El Confidencial, es que Podemos le ha pagado los gastos para que pudiera acompañar en viajes electorales a Irene Montero y ocuparse de la niña. Y no hay que olvidar que el dinero de los partidos es dinero público.

No se trata de un problema menor, ni de mezclar política con cuestiones personales. Se expulsó a los dos trabajadores de Podemos que advirtieron a la dirección de que determinadas operaciones financieras eran ilegales. La ex escolta de Irene Montero denunció que la utilizaban para realizar labores que no eran de su competencia, y días antes de comparecer ante el juez llegaron a un acuerdo con ella para retirar la denuncia.

Podemos ha reaccionado como siempre: son víctimas de una campaña de determinados medios de comunicación. ¿Cómo reaccionarían los dirigentes de Podemos si Pablo Casado exigiera que su mujer fuera ministra en un hipotético Gobierno de coalición, y utilizara a su escolta y a un cargo público del partido para cuestiones privadas? Ardería Troya.

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