Tribuna Libre

Antonio Rojo Corrales

Licenciado en Historia

Tras el concepto de virgen negra

En la tenue línea que aún dividía los cultos precristianos de los cristianos, ante el creciente poder árabe que llegaba invadiendo desde oriente y desde el sur, de las manos de las órdenes benedictinas, cistercienses, Cluny…, con la construcción en el siglo XI de Santiago de Compostela y la creación de sus caminos de peregrinación, así como la aparición de la figura clave de San Bernardo de Claraval y el nacimiento de grandes órdenes como el Temple, es en este marco en el que surgen esa pequeñas vírgenes de madera.

¿Fueron algunos artesanos de la Edad Media los que representaron, conscientemente, a la Madre de Dios y a su Hijo con los rasgos, no ya oscuros o tostados, sino pintados de negro? ¿con qué intención?, ¿por qué? A estos interrogantes de Jaques Huynen, uno de los mayores expertos en Vírgenes Negras, hay que contestar, evidentemente, con una rotunda afirmación. En ese caso ¿podríamos considerar a Nuestra Señora de la Merced Coronada de Jerez dentro del concepto absoluto de Virgen Negra, sin los aditamentos librescos que muchas veces, de manera interesada, han querido envolverla?. Evidentemente hay que contestar que es una Virgen Negra. No obstante, hay que tener en consideración que, comparándola con las otras dos imágenes de Vírgenes Negras existente en la provincia – Nuestra Señora de los Milagros, de El Puerto de Santa María y Nuestra Señora de Regla de Chipiona - la Patrona de Jerez, podríamos decir que es la menos negra.

Introduzcámonos en una serie de consideraciones para poder argumentar tal afirmación. Para ello, en un primer momento, se ha de mencionar las distintas teorías existentes sobre el origen de las conceptuadas como Vírgenes Negras. Hay que desechar aquello tan manido de que el color negro se debía a los muchos siglos de culto, con velas encendidas continuamente que oscurecían la encarnadura de la imagen. Si así fuere los policromados originales de sus ropajes también deberían aparecer afectados. Y no es así. Otra teoría alude al contacto en esa época con Oriente. Lo cual tampoco es aceptable, toda vez, que los habitantes de aquellos territorios no eran negros. Existe una teoría divulgada por el canónigo francés Marc Perroud para el que estas imágenes reproducirían viejos iconos milagrosos atribuidos al evangelista San Lucas. Teoría rechazable hoy en día porque si así fuese, nuestras Vírgenes tendrían un completo aspecto bizantino del que carecen absolutamente y porque serían obras muy anteriores a las Cruzadas, ya que fueron ellos mismos los que, primeramente, trajeron el gusto por este tipo de Vírgenes. En 1945, Saillens, defiende y demuestra en qué medida el culto de las Vírgenes Negras era la prolongación de un antiguo culto de los galos a lugares y objetos milagrosos que los benedictinos cristianizarían en imágenes de Vírgenes Negras. Algo que no se sostiene dado el gran vacío que existe entre el culto precristiano y la orden benedictina de San Bernardo Claraval a partir de la Segunda Cruzada. Todo nos lleva a la más creíble de todas, son muchos los autores que relacionan el mundo Egipcio, la Orden del Temple y las Vírgenes Negras; lo que nos llevaría a otorgar a la Madre de Dios la tez oscura para expresar que es el nexo de unión entre la Virgen Cristiana y las antiguas diosas paganas de la Fecundidad, como la propia Isis egipcia.

Templarios, cistercienses y hospitalarios fueron los principales propagadores de la devoción a las Vírgenes Negras. Algún autor contemporáneo equipara la diosa Isis con la Virgen María, la “Reina del Cielo”, como la llamaba San Bernardo. No se puede desestimar el gran parecido que existe entre Isis amamantando a Horus en su regazo con nuestras sedentes Vírgenes Negras.

El siguiente paso nos llevaría a determinar las condiciones de la iconografía de las Vírgenes Negras; para ello, una vez más, habría que acudir a los puntos establecidos por Jaques Huynen: Todas están realizadas en madera y en la misma época, siglos XI, XII y, más raramente, en el XIII; aunque nuestra propia historia de territorio musulmán hasta el siglo XV, nos lleve a encontrar Vírgenes Negras de tiempo posterior, conforme éstos eran cristianizados. Siempre eran imágenes mayestáticas, de posturas aristocráticas, sentadas en la cátedra; con el Niño en el regazo – no en la rodilla – ya que se presenta como el “fruto de su vientre”; con las dos miradas convergiendo en un mismo punto hacia delante. En nuestra Patrona, la imagen del Niño es muy posterior y, por tanto, las dos miradas son distintas. Los rostros son nobles, soberanos, hieráticos; de acusado aspecto oriental, algo inquietante. Siempre los rasgos de la Madre toman más importancia que los del Niño. En los casos que se ha podido establecer la policromía primitiva, los vestidos son de color blanco, rojo y azul, con adornos dorados. En el caso de la Virgen de la Merced, tal circunstancia no puede establecerse, ya que distintas intervenciones redujeron el conjunto a lo que, actualmente, contemplamos, que no es nada más que el rostro. No, así la Virgen de Regla que conserva dichos colores. Todas tienen parecidas dimensiones: sesenta centímetros de altura, treinta de ancho y treinta de profundidad. Todas aluden a la batalla; entregadas por un rey, traída por un caballero; protectora y salvadora de peligros. Su aparición se relaciona con una orden religiosa que la acoge. Las Vírgenes eran veneradas para obtener la fecundidad, pero se distinguieron más aún por la resurrección frecuente de niños muertos al nacer. Sus beneficiarios solían ser comerciantes, navegantes, encarcelados, repentinos ciegos; es decir, era liberadora de la oscuridad y la noche.

Ante todo lo cual, se podría concluir que tanto por sus dimensiones, sus características iconográficas, la época histórica a la que se atribuye, la Patrona de Jerez fuese una Virgen conceptuada como Negra; no obstante, las múltiples intervenciones a las que se ha sometido no permiten, con rigor absoluto, establecer tal categoría: no conservación de las primitivas manos y del Niño original; así como sus particulares rasgos actuales que no responden totalmente al canon orientalizante que presentan otras. Para terminar y de manera muy coloquial, podríamos afirmar, como al principio,que, entre las tres imágenes negras de la provincia; Nuestra Señora de la Merced es la menos negra de todas.

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