Propagación del Covid-19

El contagio por aerosoles podría reorientar las medidas de prevención

  • La evidencia va aportado claves sobre las vías de transmisión del coronavirus

  • Las partículas suspendidas en el aire en espacios cerrados obligan a mejorar la ventilación

Varias personas viajan en un vagón del metro de Madrid en una imagen del pasado mes de octubre. Varias personas viajan en un vagón del metro de Madrid en una imagen del pasado mes de octubre.

Varias personas viajan en un vagón del metro de Madrid en una imagen del pasado mes de octubre. / EFE / mariscal (Madrid)

Uno de los debates y de las claves de la Covid–19 es precisamente cómo se transmite la enfermedad. Una cuestión que, meses después del inicio de la pandemia, no parece estar resuelta al completo. Inicialmente se apostó por la transmisión a través de superficies, una vía que ahora parece ser menos importante. Sin embargo, los expertos no terminan de ponerse de acuerdo entre el contagio por gotas o por aerosoles, las micropartículas de saliva que se emiten al hablar o respirar y que pueden permanecer en el aire más tiempo del que se estima. Esta última, es una opción que la propia Organización Mundial de la Salud se ha resistido a afirmar, pero que, recientemente, confirmaba un estudio encargado por el Ministerio de Ciencia de Innovación. De hecho, los últimos trabajos dicen que esta vía no solo es plausible, sino que podría ser una de las principales vías de transmisión, lo que podría cambiar la forma de enfocar las medidas de prevención. Esta ha sido la cuestión abarcada por José Luis Jiménez, doctor en Ingeniería por el IMT y catedrático de Química y Ciencias Medioambientales en la Universidad de Colorado, en una conferencia virtual organizada por la Fundación para la Formación de la Organización Médica Colegial. El ingeniero ha participado en estudios internacionales sobre contagio por aerosoles y en el citado informe del Ministerio. La hipótesis que plantea es que “hay que considerar que los aerosoles sean la forma de propagación dominante”.

Para explicar esta cuestión el experto planteaba diferentes preguntas para concluir que el contagio por aerosoles parece la opción más plausible para explicarlas. Un ejemplo sería que los casos de mayor contagio se den en interiores. En los mismos el contagio se produce pese a estar a mayor distancia y no haber un contacto físico, por lo que se podría explicar por los aerosoles que permanecen en el aire, debido a una mala ventilación.

Asimismo, es más fácil inhalar aerosoles de otra persona, que recibir una gota que impacte directamente en un punto como el ojo o la boca del interlocutor, a no ser que se produzca una tos o estornudo directo. En contrapartida, José Luis Jiménez explicaba que se exponían los casos de personas convivientes que no se han contagiado, que ha sido uno de los argumentos en contra de la transmisión de aerosoles.

“Se sigue haciendo mucho esfuerzo en desinfectar, cuando quizás debería hacerse más en ventilar”

A este respecto, el experto explicaba que hay estudios donde se ha observado que las personas positivas no son igual de contagiosas durante toda la enfermedad y que tampoco expulsan el virus todo el tiempo, sino que se trataría de picos de contagio. De esta forma, se podría explicar por qué, pese a transmitirse por estos aerosoles, haya personas que no hayan contagiado a sus convivientes. La pregunta es cuál debe ser el camino a seguir en cuanto a la prevención de los contagios. “Se sigue haciendo mucho esfuerzo en desinfectar, cuando quizás debería ser más en ventilar”, afirmaba José Luis Jiménez. Para el experto la forma más sencilla de explicar cómo prevenir el contagio es imaginarse que los demás están fumando y nosotros debemos evitar respirar ese humo, o que solo nos pille de refilón. “Al aire libre, con distancia y con mascarilla es muy difícil contagiarse”. 

Una propuesta más controvertida es la de la medición de Co2 de los locales cerrados, como indicador de cuánto aire estamos respirando de los demás. Para José Luis Jiménez sería necesario un medidor en los locales para prohibir la entrada de más personas cuando se sobrepase un nivel de Co2 determinado, en vez de poner límites de aforo generalizados.

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