Francisco Yesa Ruiz | Capataz de la Candelaria y Santo Crucifijo

“He sido maltratado por las hermandades a las que he servido”

  • El conocido capataz Paco Yesa ha sido nombrado responsable del paso de palio de María Santísima de la Candelaria

  • Hoy llevará a la sagrada imagen hasta los Jardines de la Atalaya en un rosario de la aurora

Paco Yesa atesora varias décadas de experiencia mandando pasos en la Semana Santa de Jerez. Paco Yesa atesora varias décadas de experiencia mandando pasos en la Semana Santa de Jerez.

Paco Yesa atesora varias décadas de experiencia mandando pasos en la Semana Santa de Jerez.

—Recientemente ha sido nombrado capataz de María Santísima de la Candelaria ¿Qué supone para usted en el plano personal volver a tomar el mando de un palio?

—Mis comienzos en este oficio fueron al frente de un paso de palio hace aproximadamente cuarenta años. Desde entonces y hasta hace un par de años, siempre he vivido la Semana Santa delante de un paso, bajo la atenta mirada de la Santísima Virgen. Por ello sentí mucha pena cuando tuve que asumir, que debido a mi edad y a la forma en que se accede hoy en día a los llamadores de los pasos, nunca más volvería a llevar a la Santísima Virgen por las calles de Jerez. Pero mira por donde la Virgen quiso llamarme de nuevo, y lo hizo  a través de una llamada que me hizo este verano el Hermano Mayor de la Hermandad de la Candelaria para ofrecerme el puesto de capataz de la Santísima Virgen. Debido a lo inesperado de tan tentadora llamada,  necesité un tiempo para meditar mi decisión, ya que de momento me asaltaron todos los fantasmas del pasado y durante varias semanas mantuve una lucha interna conmigo mismo. Por un lado la oferta era algo que me hacía muy feliz, pero por otro ese regalo de la Virgen implicaba tener que empezar una nueva lucha con sus correspondientes sinsabores. No hay rosas sin espinas. Finalmente decidí contestar a la Hermandad aceptando el cargo. Hoy, gracias a Dios, mi decisión ha hecho que me sienta muy feliz e ilusionado con el nuevo proyecto y aprovecho esta oportunidad para agradecer al Hermano Mayor y a la Junta de Gobierno de la Hermandad de la Candelaria la confianza que han depositado en mi, la cual espero no defraudar con la ayuda de Dios.

—¿Cuál ha sido la motivación principal para aceptar esta responsabilidad?

—La motivación principal es que a mi me gusta lo que hago y además me gusta mucho. En mi ADN están muy presentes el gusto por la Semana Santa y las cofradías en general.

—La cuadrilla de la Candelaria ha sido siempre una piña ¿Llega Paco Yesa con cambios bajo el brazo o piensa trabajar con el material humano que forma grupo de costaleros?

—Espero no tener que hacer más cambios que los estrictamente necesarios. Considero que en principio mi obligación es considerar y trabajar con el equipo humano que tiene la Hermandad. Yo procuraré adaptarme todo lo que pueda a ellos, pero ellos también tendrán que hacer un esfuerzo por adaptarse a mis formas y maneras de entender el trabajo. En definitiva, no pienso entrar cual elefante en cacharrería si a eso se refiere. Si hay piña mejor que mejor, eso es lo que yo quiero y procuraré fomentar, que haya unión y compañerismo en la cuadrilla. Esto junto al trabajo bien hecho lo que contribuye a crear un orgullo de pertenencia.

—¿El ‘veneno’ puede más que el recuerdo?

—Esta pregunta se puede prestar a varias interpretaciones. En cuanto al veneno, lo dejo para los sembradores impuros del odio, especie que por desgracia cada día abunda más en las Cofradías. Como decía un Santo español, no voy a perder mis energías y mi tiempo, que son de Dios, apedreando a los perros que me ladren por el camino. En cuanto a los recuerdos, los recuerdos son el pasado y eso no podemos cambiarlo, así que vivamos el presente sin preocuparnos del pasado que ya pasó, ni del mañana que no sabemos si llegará para nosotros. Esto último también es un pensamiento del mismo santo.

—Paco Yesa trajo hace ya décadas una forma nueva y un estilo propio a la hora de mandar los palios ¿Se le ha reconocido suficientemente su aportación a la costalería jerezana?

—Evidentemente no solo no se me ha reconocido sino que considero que he sido maltratado por Hermandades a las que he dedicado muchas horas de mi vida, horas que le he robado a mi familia. Jamás he buscado ningún tipo de reconocimiento ni de protagonismo, pero nunca imaginé que me tratarían como me han tratado.

—¿Es usted de los que piensa que ahora los pasos se llevan mejor que nunca o la costalería de otros tiempos nunca muere?

—Pienso que  los pasos se llevan ahora mejor que nunca. Partiendo de la base de que las comparaciones son odiosas, no sé hasta qué punto son comparables las formas de llevar los pasos hoy en día con las de hace cuarenta años, y no le digo nada si lo comparamos con la época de los costaleros asalariados, donde un hombre cumplía todos los días con su trabajo habitual  y después sacaba siete u ocho pasos en la Semana Santa. Las circunstancias no son en absoluto comparables. Por lo cual el trabajo de los costaleros ha tenido su valor y su importancia en cada época,  en función de las circunstancias del momento y hemos pasado de tener una importancia irrelevante,  a tener no solo una importancia excesiva, sino que en algunas Hermandades todo gira en torno a los costaleros.

—La eterna pregunta: ¿El costalero debe de estar por devoción o por afición?

—El costalero debe saber hacer bien su trabajo y ser disciplinado, si tiene afición mejor que mejor, porque eso le ayudará a crecer en conocimientos y a esforzarse por hacer las cosas bien; y si además tiene devoción pues ya esto es lo mejor de lo mejor. Lo ideal para mi sería que tuvieran ambas cualidades. Son cualidades que no hacen daño a nadie y para nada son excluyentes.

—¿Aprovechan las hermandades y la Iglesia en general toda esta corriente que son los costaleros para evangelizar?

—Evidentemente no rotundo, al menos en el entorno en que yo me muevo. De lo contrario no ocurrirían ciertas cosas que son inadmisibles en una Hermandad, ya que atentan contra la propia naturaleza de la misma. Por desgracia hay quien se dedica más a encizañar que a evangelizar y cuando esto lo hace gente que tiene una edad considerable y que han tenido cargos de responsabilidad en una Hermandad, el delito es más grave todavía. ¿Dónde queda la Hermandad cuando alguien se dedica a inculcar el odio entre aquellos a los que llama hermanos? Aquí pienso que la Iglesia debería ser más contundente y actuar con más rigor aplicando como mínimo los criterios que establece el Evangelio para la corrección fraterna, que están muy claros y muy bien definidos.

—Vuelve de nuevo a mandar un palio pero no nos olvidemos que es usted capataz del Santo Crucifijo y de la Custodia de la procesión de Minerva ¿Sigue encontrando la fidelidad y el cariño en esta señera hermandad que quizá le faltó en el Cristo y en la Amargura?

—No puedo olvidarme jamás del Santo Crucifijo y de su Hermandad. Mi lema allí es fomentar lo que yo llamo ORGULLO DE PERTENENCIA. Para conseguir esto hay que procurar hacer las cosas muy bien. Yo me siento querido y arropado por la Hermandad a día de hoy, mañana no sabemos. La Hermandad por ahora está muy bien estructurada y con las ideas muy bien definidas. El trato que recibo es educado y exquisito en todos los aspectos. Creo que parte del secreto es la participación activa en la vida de la Hermandad de la gente mayor, con una sólida formación, y con una experiencia puesta siempre al servicio de la misma. Hay mucha buena gente en la Hermandad de San Miguel. Aún así, no se puede bajar la guardia ya que el demonio está presente en todas partes. Como cofradía en la calle es un modelo,  no voy a decir a imitar, que también, pero sí a disfrutar. En Jerez no sabemos disfrutar de la belleza de una cofradía de negro como la del Santo Crucifijo, que es exquisita desde la cruz de guía hasta el preste. Perdón por mi vehemencia, pero siento un tremendo orgullo de pertenencia a esta Hermandad. En cuanto a Minerva es una de las procesiones Eucarísticas más entrañables y bellas de la ciudad, con el sabor añejo que le aporta el barrio de San Miguel. ¿Se puede sentir mas orgullo que ser capataz de una cuadrilla que lleva sobre sus hombros a Dios real y verdadero? Pues eso.

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