Literatura y feminismo Anna Maria Iglesia recupera la figura olvidada de la ‘flâneuse'

  • Reivindica a autoras y activistas presentes en el espacio urbano como Virginia Woolf, George Sand, Flora Tristán o Luisa Carnés

La periodista y escritora Anna Maria Iglesia (Granada, 1986). La periodista y escritora Anna Maria Iglesia (Granada, 1986).

La periodista y escritora Anna Maria Iglesia (Granada, 1986). / Samuel de Román

La periodista Anna María Iglesia reivindica en su nuevo libro la figura de la flâneuse, la paseante silenciada en la literatura a lo largo de los siglos por la omnipresencia de la versión masculina, el flâneur.

La imagen del flâneur recorriendo las calles del París del siglo XIX se ha convertido, recuerda Iglesia, en un "icono cultural", pero ¿y las flâneuses?, se pregunta: "Ellas también existieron, aunque fueran invisibilizadas o denostadas".

Apunta la autora que "su voluntad de hacerse presentes en el espacio urbano y reclamar una voz propia abrió paso a una serie de derechos que aun hoy necesitamos consolidar: derecho a ocupar las calles; derecho a mirar sin ser vistas; derecho a no consumir ni ser consumidas; derecho a existir en solitario; derecho a la autoría".

De la necesidad de recuperar del olvido esta figura nació "este recorrido crítico por la historia de las flâneuses", que reúne a un nutrido grupo de escritoras, pensadoras y activistas, como Flora Tristán, George Sand, Virginia Woolf, Luisa Carnés o Las Sinsombrero. Por su vigencia, el libro podría ser considerado una suerte de manifiesto literario y feminista que reivindica el caminar como "acto de insubordinación".

En su análisis, Iglesia considera que más allá de la definición ofrecida por los diccionarios como "persona que holgazanea en la ciudad, va de compras y observa la multitud", la "flâneuse", "en tanto que mujer que recorre la ciudad, aparece siempre como objeto de observación, nunca como sujeto que observa". Y esta mirada se ve clara por ejemplo en Baudelaire, en cuyas páginas la mujer o no tiene nombre, o es efímera, desaparece sin dejar rastro.

En opinión de Iglesia, en términos históricos y sociológicos, sería "un completo despropósito afirmar que las mujeres del siglo XVIII y, sobre todo, del siglo XIX, siglos en los que se asienta la figura del paseante, disfrutaban de una situación igual a la del hombre". Vislumbra asimismo una perspectiva social en la distinción de género entre paseantes: "La Madame Jules de Ferragus de Balzac es una mujer rica y esa circunstancia hacía que vieran limitado el espacio urbano disponible, y, por tanto, pasear era una transgresión significativa, mientras que las mujeres de la clase trabajadora gozaban de una mayor movilidad urbana debido a su condición de asalariadas". Sin embargo, matiza Iglesia, "la práctica urbana de la mujer trabajadora no puede definirse a partir de ninguno de los criterios que define el deambular masculino". 

En uno de los capítulos, la autora se ocupa de la figura de la escritora paseante y, en contra de algunas críticas, que echaban en cara a George Sand que se ocultara tras ropajes masculinos para poder deambular por las calles de París, Iglesia cree que puede ser definida como flâneuse: "no solo no se limita a los paseos urbanos, sino que se consolida y se afirma a través de la escritura, a través del ejercicio crítico de la escritura".

Como dice ya en el siglo XX Virginia Woolf, "caminar y escribir se convierte en dos gestos de rebeldía y, sobre todo, en dos gestos indisociables".

Anna María Iglesia (1986) es licenciada en Filología Italiana y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, y doctora por la Universidad de Barcelona con la tesis "La narrativa del espacio urbano y de sus prácticas. El París del XIX y la flânerie". Periodista cultural, además colabora con distintos medios sobre literatura y el mundo editorial. También es redactora jefa de la revista Librújula en las ediciones en papel y digital.

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