El mar indemostrable | Crítica

Figuración de la nada

  • La Navaja Suiza publica 'El mar indemostrable', novela ambiciosa, inteligente y poética del escritor gaditano Ce Santiago

El escritor Ce Santiago (Cádiz, 1977) El escritor Ce Santiago (Cádiz, 1977)

El escritor Ce Santiago (Cádiz, 1977)

El mar tiene una densa y aquilatada poética que no vamos a enumerar ahora. Sí podemos adivinar los hitos sobre los que El mar indemostrable, novela inteligente y poética, alza sus baluartes. Por supuesto, cabe señalar a Melville como el patrón adusto y espectral que gobierna, a distancia, la escritura de Ce Santiago. Pero también a Genet, y Mutis, y unas vanguardias que abroquelan la orfandad insondable con la que el personaje de esta novela (son tres, en realidad) exigen la presencia impar que aquí se alza: el mar. Probablemente, el mar de Cádiz, cuando el océano excreta a sus cosechadores y los dirige a casa. En cualquier caso, se trata de una poética de la intrascendencia. Vale decir, se trata de una obra construida contra cualquier poética del mar, ya sea ésta la romántica de Melville, la postromántica de de Lautréamont, ya sea aquélla evisceración de lo humano que se opera Genet y su Querelle de Brest, tediosamente portuaria, o en el alto y fatigado bordo con el que Mutis imaginó a su Maqroll el Gaviero, apátrida y enamorado, por las soledades del globo.

Lo interesante, a efectos literarios, es la conceptuación del mar que aquí se aborda

Y tampoco es el mar de los surrealistas el que aquí se expone. Pero sí aquél que, en buena medida, se refuta. Ce Santiago, como escritor primerizo, quiere exhibir, a ratos, las dificultades que su pericia disimula y obvia. Sin embargo, esta reiteración carece de interés. Lo interesante, a efectos literarios, es la conceptuación del mar que aquí se aborda. Siempre con rigor intelectual y ambición literaria. Pero, en primer término, con la presencia ineludible de una tradición iconográfica que Santiago desdeña para exponer, si se quiere, una banalidad del mar, pareja a la banalidad e inconsecuencia de lo humano.

La tragedia, pues, que se encierra en El mar indemostrable está mucho más cerca de Pascual Duarte que de Los cantos de Maldoror y su colosalismo submarino. Aquí se dan la furia de los elementos y cierta épica de la marinería que no son sino un modo, honesto y breve, de ser hombres. Todo esto queda ensayado en diversas formas literarias que buscan, y casi siempre hallan, una vía adecuada de expresar un mar que no será, nunca, el mar bronco y amistoso del XIX.

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