ciclismo lTour de Francia

Cavendish no tiene freno

El británico Mark Cavendish, del HTC, volvió a demostrar su supremacía al sprint al adjudicarse la séptima etapa, disputada entre Le Mans y Chateauroux, de 218 kilómetros, un doblete en la presente edición en una jornada que mantuvo de líder al noruego Thor Hushovd (Garmin) y los favoritos mantuvieron sus posiciones antes del Macizo Central.

Cavendish remató con total superioridad el trabajo de su equipo, que le puso en bandeja su victoria número 17 en el Tour, cifra que le permite colocarse como séptimo corredor con más triunfos de etapa de todos los tiempos, aún lejos de las 34 que logró el legendario Eddy Merckx.

El Expreso de Man mostró su versión imbatible para seguir aumentando su cosecha de la temporada, en la que va cogiendo el hilo. Batió al italiano Alessandro Petacchi (Lampre) y al alemán André Greipel (Omega), su ex compañero en el Columbia y enemigo declarado. José Joaquín Rojas (Movistar) volvió a estar entre los mejores.

Fue una jornada más que propicia para los velocistas, la más llana, pero no de transición, ya que de trámite tuvo poco. El porqué lo explicaba Rojas. "El viento ha sido un peligro por la formación de abanicos y hemos ido en tensión todo el día, con mucho desgaste. De transición no ha tenido nada", decía el esprínter del Movistar.

El viento, los nervios, esos factores que son parte de cualquier etapa, provocaron caídas un día más. No hay días tranquilos, efectivamente. Una montonera a 38 kilómetros implicó a Farrar, Boasson Hagen, ambos ganadores de etapa, Chris Horner, al colombiano Uran, Popovych y Roman Kreuziger. Ninguno de ellos pudo reintegrarse al pelotón, que llegó partido a meta y con el grupo que integraba a estos corredores a 3.06 minutos. Con ellos también el español David Arroyo y Levi Leipheimer. Peor le fue al belga Tom Boonen. Las lesiones sufridas por el campeón mundial en Madrid 2005 la víspera camino de Lisieux le obligaron a marcharse a casa.

Con el pelotón dividido en varios sectores, aún latía la escapada que se formó en el kilómetro cuatro, apenas se alejó el pelotón del mítico circuito de Le Mans, escenario de Las 24 horas, la prueba de resistencia automovilística más importante del mundo.

El ejercicio de resistencia lo asumieron el español Pablo Urtasun (Euskaltel), Mickael Delage y Gianni Meersman (FDJ) y Yannick Talabardon (Saur), pero estaba sentenciados de antemano. Entre el Garmin, que un día más se aplicó en la defensa del maillot amarillo de Hushovd, y el HTC, los aventureros claudicaron a 12 kilómetros de meta. Una paliza de más de 200 para el olvido.

Un final muy rápido, con el Leopard de los Schleck y Cancellara provocando abanicos que dejaran a algún favorito fuera de juego. Con todos agrupados en el primer grupo, el HTC montó la maquinaria del sprint, donde Cavendish aplicó la ley del más fuerte.

Aquel muchacho que en la Isla de Man abandonó los estudios y un trabajo en un banco para ser ciclista, ante la desesperación de su madre, endulzó su brillante trayectoria en su ciudad francesa talismán. También mostró su perfil feliz y amable, despejando así aunque sea por un día su polémica fama.

A sus 26 años es dos veces campeón mundial en pista, tiene una Milán San Remo, 7 etapas en el Giro y 3 en la Vuelta. Datos sonoros, pero de récords no quiere saber nada. Solo quiere ganar, su obsesión desde que empezó a montar en bici a los 12 años.

"No me obsesiona igualar el récord de victorias de Eddy Merckx, es algo que no me preocupa, quiero ganar cuantas más veces mejor". Camino lleva. De momento, en victorias en el Tour, tiene la mitad que el Caníbal. Tiempo tiene para, al menos, acercarse.

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