TENIS Abierto de EEUU

Murray saca a Fred Perry de los arcanos

  • La victoria del británico sobre Djokovic supone el primer título del Grand Slam para el Reino Unido desde 1936

El tenis británico esperó 76 años para ver a uno de los suyos conseguir un Grand Slam, pero el que rompió el maleficio no fue un clásico y atildado jugador inglés, sino un joven de cabellera revuelta nacido en un pueblo de Escocia. Pelirrojo y orgulloso de nacer en la pequeña y lluviosa Dunblane, Andy Murray conquistó el primer grande para Reino Unido desde 1936 al derrotar a Novak Djokovic en la final del Abierto de Estados Unidos por 7-6, 7-5, 2-6, 3-6 y 6-2, tras cuatro horas y 54 minutos.

Desde que Fred Perry, inglés, ganase el US Open en 1936, ningún británico terminó con un trofeo de Grand Slam en la mano. Hasta siete veces se quedaron a las puertas en una final, cuatro de ellas con la firma de Murray. "Cuando estás en la pista no lo sientes necesariamente, pero cuando estaba sacando para ganar había una sensación de 'menudo momento para el tenis británico", dijo Murray, orgulloso con su trofeo.

Ganador de 24 títulos en su carrera, el tenista contó con el apoyo de uno de los escoceses más ilustres, un agente secreto tapado bajo un sombrero. Sean Connery daba ánimos a Murray desde la grada de la cancha Arthur Ashe, la pista de tenis más grande del mundo.

Los británicos son los principales impulsores del tenis, un deporte practicado en sus inicios por las clases altas. En las gradas de Wimbledon aún perdura parte de ese espíritu burgués. Murray jugó en su primera etapa como tenista con muñequeras con la bandera de Escocia e, incluso, llegó a entrenarse en Wimbledon con una camiseta de Trinidad y Tobago en el año 2006, cuando en pleno Mundial de Alemania Inglaterra se enfrentó al país caribeño.

En Escocia existen desde hace varios siglos movimientos que exigen la independencia, pero Murray siempre rehuyó la cuestión y el público de Wimbledon siempre lo respaldó y depositó en él la confianza para devolver al Reino Unido a lo más alto del tenis. La anterior esperanza británica fue Tim Henman, nacido en Oxford y que dio sus primeros raquetazos en la cancha de césped de su casa. Henman perdió las cuatro semifinales de Wimbledon que disputó.

El nuevo número tres mundial, en cambio, nació hace 25 años en Dunblane, una localidad escocesa a menudo cubierta por las nubes y por la lluvia, un lugar poco apropiado para practicar tenis al aire libre. Por ello, se mudó con 15 años a Barcelona y entró en la academia de Emilio Sánchez Vicario y Sergio Casal, una de las dos experiencias que más marcarían su vida. La otra fue ver cómo un desequilibrado mataba a 16 niños y un adulto en el colegio al que asistía. El tenista se escondió en la oficina de la directora y se salvó. El escocés, apodado el eterno aspitante, creció y ganó títulos, pero le faltaba uno. Murray ya respira más tranquilo tras conquistar su primer Grand Slam y poner el contador británico a cero. Pero aún queda una carga en la espalda: Wimbledon.

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