Enrique Barón

"No comprendo el fatalismo del Gobierno actual"

  • Este político socialista, ex presidente del parlamento europeo, no cree "que estemos en una crisis terminal" y apuesta por dar "respuestas más constructivas y más avanzadas de cara a Europa".

Enrique Barón (Madrid, 1944) licenciado en Derecho por la Universidad Complutense, fue ministro de Transportes en el primer Gobierno de Felipe González, con el que negoció el ingreso de España en la Comunidad Europea. Fue presidente del Parlamento Europeo de 1989 a 1992, y ahí le tocó vivir la caída del muro de Berlín, "uno de los momentos más sugestivos de la historia mundial", y luego "la implosión de la Unión Soviética y la disolución de Yugoslavia", episodios que aparecen todos en su libro Más Europa, ¡unida!, Premio Gaziel 2012.

-La mitad de sus libros llevan el nombre de Europa en el título.

-Sí. Porque quizá sea uno de los elementos que conservo de mi vocación docente, aparte de la convicción personal. Yo inicio mi último libro diciendo que he tenido dos grandes amores en mi vida política, que son conseguir que España fuera una democracia y que nos integráramos en Europa. Y curiosamente, son dos temas que están sometidos hoy a debate.

-¿Pasa Europa por su peor momento?

-Nooo. Mire, el peor fue en el año 45. El actual es naturalmente un momento de crisis, pero hemos conseguido una cosa, hemos recibido el Nobel de la Paz por conseguir la paz en Europa, y no es ninguna tontería.

-Pero eso es remontarse muy lejos.

-Bueno, habrá que explicarle a la gente cómo avanzamos a partir de la situación actual. Yo no creo que estemos en una crisis terminal. Es una crisis política, no sólo económica, porque curiosamente el euro sigue cotizando igual con el dólar. El euro no está en crisis, y seguimos siendo la primera potencia comercial.

-No sé si es mucho consuelo para los ciudadanos.

-Bueno, pero hemos conseguido eso y sería suicida que lo liquidáramos. Y sobre todo, tenemos que ver cómo rematamos la construcción.

-¿Será el problema que faltan políticos en Europa?

-Si es así, ahora hay una oportunidad para cambiar eso: el año que viene tenemos elecciones europeas.

-Que están más desprestigiadas que las propias instituciones.

-Pues será cuestión de pedagogía. Mire ¿qué pensaban los españoles de las elecciones autonómicas en el año 75? Hoy en día, en cambio, la gente sabe que se la juega en ellas también. Europa es un proceso de pedagogía. La gente se está quejando, hay desafección, pero tiene la oportunidad el año que viene de decidir qué tipo de Europa quiere construir. Lo que ocurre es que somos el 7% de la población del mundo y sin embargo tenemos el 50% del gasto social. Lo que tenemos que hacer es avanzar sobre todo en el terreno de la unión política.

-¿Cree que los políticos  europeos están demasiado supeditados a la economía?

-Es que el proceso de globalización en los últimos 30-40 años ha sido de una globalización financiera desbocada e incontrolada, que ha llevado a un auténtico capitalismo de casino. La respuesta no es que cada uno se encierre en su casa, sino que haya una globalización de la política y la democracia que responda a eso.

-Y ante esto, la izquierda europea no dice muchas cosas.

-Yo creo que tiene mucho que decir. En Europa ahora se plantea una unión bancaria, un sistema de garantía de depósitos y de protección, que quien lo ha planteado es la izquierda básicamente, como también el hecho de que haya un impuesto sobre las transacciones financieras.

-Usted vivió la construcción de una Europa más integrada ¿cuándo cree que empezó a fastidiarse eso?

-En los últimos años, sobre todo desde el comienzo de la crisis. La coincidencia con la crisis mundial ha producido un cambio muy violento ante el que no se ha encontrado una respuesta en términos políticos. Zapatero dio un volantazo que no se explicó a la propia base social. En el caso del Gobierno actual hay una actitud de fatalismo y sumisión que yo no comprendo.

-¿Acertamos cuando pensamos que todo se juega en Berlín, o en la cabeza de la señora Merkel?

-Yo creo que es una visión bastante deformada de la realidad. Es cierto que Alemania es la primera potencia de Europa, pero no hay un diktat de Alemania. A la señora Merkel la eligen los alemanes. Nosotros elegimos a nuestro presidente del Gobierno. Y las decisiones que se toman las aprueban los 27.

-La diferencia es que nuestro presidente dice que no puede hacer otra cosa.

-Eso forma parte de la responsabilidad política de cada uno. Esa especie de fatalismo yo no lo comprendo, porque en otros momentos y con otras dificultades, nosotros hemos dado respuestas mucho más constructivas y más avanzadas de cara a Europa. Yo, por ejemplo, no acabo de comprender por qué hemos perdido posiciones importantes en instituciones como el Banco Central Europeo.

-¿No tienen mucha responsabilidad los políticos en lo que está pasando?

-Tienen evidentemente que asumir su cuota, pero no es sólo culpa de ellos. Creo que hay un aspecto de pedagogía en el que también los sistemas educativos y los medios tienen un papel importante. Comprendo que es más fácil echarle la culpa a Merkel o pintarle el bigote de Hitler que entrar a fondo en las cuestiones. No vamos a ganar nada por enfrentamientos de unos países contra otros.

-¿Qué idea podría ser la ilusionante ahora en Europa?

-Para la gente joven, que piensen en las cosas sensatas que hemos hecho, como el Erasmus, hay un elemento de movilización y construcción: conseguir coronar y dar fuerza al primer ensayo de democracia supranacional en el mundo global. Y eso con una Europa que siga estando en vanguardia en el terreno tecnológico, económico y cultural.

-Ve usted en el futuro de Europa el fantasma de la pobreza?

-Es que lo estamos viendo ya. Las crisis producen un aumento importante de las desigualdades sociales. En España estamos viendo la depauperación de las clases medias. Ahora es una tarea urgente parar esa deriva.

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