España

Ya no quedan 'Cincinatos'

SEGURO que recuerdan a Cincinato, aquel romano cumplidor que le sacaba las castañas del fuego a la ciudad cuando todavía no era imperio. Mira que tenía motivos para desentenderse. Exiliaron a su hijo por toserle a los tribunos, que representaban a la plebe, que a su vez comenzaba a ser el pueblo. Le envidiaron por brillante, consecuente y generoso. Y aun así el hombre cumplió y acudió cuando le llamaron.

Tras derrotar a los volscos y los ecuos -casi tan fieros como los vecinos samnitas-, el viejo general y ex cónsul devolvió a la República sus poderes de dictador. No sucumbió a la tentación de alargarlos -la ley le permitía seis meses de mandato incondicional-. Un auténtico patriota, si es que el término podía aplicarse entonces. Su rectitud impresionó a generaciones muy posteriores. Tras la Guerra de la Independencia, muchos oficiales del Ejército Revolucionario constituyeron la Liga de los Cincinatos en honor a las virtudes demostradas por George Washington, una especie de moderno heredero del héroe original. Cincinnati, Estado de Ohio, es la consecuencia final del proceso, guinda geográfica del homenaje norteamericano.

Ya no quedan Cincinato sni Washingtons. Aznar es nuestro guerrero reciente más parecido, y sólo porque entregó el poder tras manosearlo ocho años (más que suficiente visto lo que sucedió). Zapatero no es brillante, consecuente ni generoso. Rajoy puede tener algo del primer adjetivo pero nada de los otros dos. Añade además otros defectos de los que carecían nuestros modelos de conducta: soberbia, desconfianza gallega y esos bandazos ideológicos que tanto despistan y tan mala impresión causan. Es entonces cuando el desconfiado contagia el mal del que recela. No, aquí el poder no se entrega; se aprieta si se tiene (Chaves, Fraga, Ibarra, Pujol), se anhela si se persigue. Entretanto, nadie lo duda a estas alturas, todo es posible a partir de las sagradas premisas de la mentira y la codicia.

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