Crónica del jueves de Feria del Caballo 2019 Vámonos a la Feria

  • La fiesta encara el fin de semana con temperaturas muy suaves

Una familia disfruta del jueves de Feria. Una familia disfruta del jueves de Feria.

Una familia disfruta del jueves de Feria. / Pascual

Doce y media de la mañana. El autobús de la línea 17 para en la entrada principal del González Hontoria y de él bajan tres señoras. Sonríen. Una de ellas necesita la ayuda de un bastón. Es Luisa González y a sus 81 años no falla a su cita con la Feria, “me gusta todo de aquí”. Es el primer día que pisa el albero este año y “quiero pasar un buen rato”.

Le acompaña su vecina, Paquita (así quiere que se escriba) López. “Yo tengo un poco más de edad que Luisa, tengo 86 años”, ríe. “Es mi primer día también, ya una no está para mucha Feria. Estamos bien de salud, pero es mucho jaleo. Me gusta todo, el baile y las casetas que están muy bonitas”.

“No hemos tardado mucho ¿verdad Pastora? Pues hemos cogido hasta transbordo ¡prima!”, le dice una mujer a quien le espera en la entrada de la Feria mientras se coloca bien el traje.

En las andanas de González Byass –donde prácticamente hay que coger número para tener un recuerdo en el móvil– un grupo de mujeres se fotografían. “¿Me has quitado la barriga?”, le pregunta una a la amiga entre risas, y segundos después comienza a cantar “vámonos para la Feria cariño mío...”.

A pocos metros, un señor también canta. Pero en esta ocasión los números de los cupones: “Cerito ocho, 82, el 30. ¿Y si toca?”.

En el Real las casetas se preparan colocando las copas sobre la mesa, en una jornada que parece estar marcada por los almuerzos concertados. Los camareros aprovechan para comer algo antes de que la Feria despierte y las máquinas siguen regando –en algunos tramos provocando hasta charcos– el albero. Un albero con boquetes que se convierte en un campo de minas para las mujeres que se atreven con los tacones de aguja.

En la caseta Pozo de la Víbora rellenan los servilleteros. Aún el reloj no ha marcado la una del mediodía. Un trabajador confirma lo que se repite año tras años: el plato estrella, los pinchitos. “Más de cien kilos de carne hacemos a diario. Todo el que entra siempre pide su pinchito tradicional y se coge con ganas. Es que están muy buenos”, declara.

Por la puerta de la caseta cruzan en ese momento dos mujeres moviendo las manos, “hay que calentar las muñecas”, le escucho decir a una de ellas.

A la una del mediodía en la caseta de Jabugo ya no cabe un alfiler. La alcaldesa, Mamen Sánchez y el alcalde de la localidad onubense, Gilberto Domínguez, brindan por el maridaje del jerez con el jamón. Las ‘j’ del buen comer. No estuvieron solos. También acudieron los presidentes de los Consejos de la Denominación de Origen Protegida de Jabugo y la Denominación de Origen Jerez-Xèrés-Sherry, Guillermo García y César Saldaña, respectivamente, así como vecinos de Jabugo y empresarios.

Los coches de caballos van llegando al Real (en algunos momentos hay auténtica competencia para conseguir clientes...), aunque parece que el jueves no acaba de arrancar. Ambiente muy tranquilo hasta pasadas las tres, cuando empieza a cocerse la jornada. La temperatura acompaña tras días de intenso calor, y los trajes de flamenca comienzan a bailar por el paseo principal.

Para Laura Arana, de Ferrol, descubrir la Feria ha sido un lujo. “Me voy con muy buen sabor de boca, me ha encantado el buen rollo que hay todo el día, la gente cómo te acoge, lo bien que se come en las casetas, los coches de caballos, el alumbrado por la noche... Todo. Me voy fascinada con la Feria y con ganas de volver. Lo recomiendo a todo el mundo, ¡os va a encantar!”, asegura la gallega.

La artista María José Santiago tampoco falla a su Feria. La jerezana sólo tiene este jueves para disfrutar del Real porque ultima los ensayos para un concierto benéfico este domingo. “Aquí hay mucho arte. Es una de las Ferias más bonitas de Andalucía, sino es la más bonita. Porque Sevilla es una Feria con mucho empaque, es muy grande, pero en Jerez hay mucho arte, y además aquí hay una cosa muy buena, y es que todo el mundo puede entrar en las casetas. Y eso es algo muy importante”, reconoce la cantante.

Mucho selfie, mucho rebujito y muchas risas. Baile, a estas horas del almuerzo, menos. Pero todo se andará, el día es largo y hay ganas de fiesta.

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