La crítica

Remedio contra las penas

  • El Villamarta se rinde al baile de Andrés Peña

La mejor forma de sacar del fondo del alma el dolor y la pena que te abrasa es expulsándolos. Unos lo hacen con el pincel, otros con la pluma, y otros, como Andrés Peña, bailando sobre un escenario. Bailando sin prejuicios, sin mirar atrás, bailando por derecho y con el corazón. Eso mismo, en resumidas cuentas, fue lo que ayer reivindicó el bailaor jerezano en su 'Órdago a la grande', posiblemente lo mejor que hemos visto en este dieciocho Festival de Jerez a nivel global.

Paradojas de la vida, el Andrés Peña más teatral se llevó por delante todo lo que encontró a su paso rompiendo así esa barrera que le había perseguido en los últimos años. Quizás en otras ocasiones su baile fue más visceral o más flamenco, pero menos contundente. Ayer llegó al fondo. Sin salirse del tiesto, como él mismo decía un día antes, pero tocando la fibra del espectador hasta el punto de llevarse la mayor ovación de todas cuantas funciones se han representado hasta ahora en Villamarta.

Andrés lo hizo desde la pena, desde el dolor, desde la angustia que ha sufrido en los últimos meses por la pérdida de su padre pero siempre mirando al futuro con esperanza. Para ello se dejó el alma, pues bailó de principio a fin, casi una hora y veinte minutos a pleno rendimiento, siempre con con la vista puesta en el cielo.

Y decimos que ofreció su versión más teatral porque por fin encontró su rol perfecto, que para nada tuvo que ver con aquel bailaor con zapatos de claquet que nos sorprendía hace unos años buscando un no sé qué. El de ayer fue un Andrés Peña señorial, capaz de darle la vuelta a su baile con mucha sutileza pues el registro inicial de la vidalita que abre la obra, y donde se nota la mano de la Yerbabuena nada más alzarse el telón, se complementa con su versión de toda la vida. Así, se le vio disfrutar como un niño al ritmo de fandangos, al meterse por tangos y sobre todo, dando una lección de serenidad y empaque al bailar por soleá, sin duda de lo mejorcito de toda la noche. Fue en ese momento cuando se liberó de cualquier atadura y llevado en volandas por un impresionante atrás, remató por bulerías logrando el aplauso generalizado de Villamarta.

Ese atrás al que hacemos referencia cumplió con nota las expectativas generadas. Lavi, Londro, Carpio y Anillo fueron auténticos dragones del cante, devorando todo aquello que la dirección musical le puso por delante, es decir, fandangos, vidalistas, seguiriyas, soleá, polo.... Mención aparte resultó la guitarra de Jesús Guerrero, un tocaor con una pulsación exquisita y limpia y que manejó el espectáculo a sus anchas.

Andrés logró así ahogar sus penas y mirar hacia el futuro. Ganó el órdago a la vida y se atrevió a cantar una nana con una voz angelical que por un momento costó descubrir de dónde salía. Tumbado bocarriba sobre el proscenio se oyó: 'La grandeza de la vida/ frente al dolor y al quebranto/, eres tú lucerito/la alegría de mi llanto'. El resto de la historia ya lo saben, público en pie y más de cinco minutos de ovación. Grande Andrés.

Baile

Órdago a la grande

Baile: Andrés Peña. Cante: Miguel Lavi, David Carpio, José Anillo y El Londro. Guitarra: Jesús Guerrero. Percusión: Israel Mera. Técnico de sonido: Rafael Pipió. Técnico de luces: Antonio Valiente. Regidor de escena: Yllart Martínez. Idea Original: Andrés Peña y Pilar Ogalla. Coreografía de la Vidalita: Eva Yerbabuena. Dirección musical: Jesús Guerrero. Diseño de luces: Antonio Valiente. Fotografía: Pedro Andrés Barea. Día: 3 de marzo de 2014. Lugar: Teatro Villamarta. Aforo: Lleno.

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