XXV Festival de Jerez La fragilidad melodiosa de Ana Crismán

A la jerezana Ana Crismán llevamos años siguiéndole la pista por la originalidad de su música y, sobre todo, de su instrumento. Nunca antes habíamos conocido un perfil como el suyo capaz de mantener una hora de concierto con una fluidez constante en la interpretación de estilos a través de un arpa. Si bien ya estamos acostumbrados a encontrarnos en la escena con el violín, el piano o, por supuesto, el cajón, todavía nos cuesta habituarnos a este sonido de dioses.

Pero Ana es tan constante y contundente en su mensaje que su presencia comienza a consolidarse en las programaciones flamencas, así como en la de otros géneros musicales.

La complejidad técnica a la que Ana se ve sometida es resuelta sobradamente de principio a fin, mostrándose capaz de producir melodías deliciosas. Desembarcó en los Museos de la Atalaya una vez que pasó el mediodía del domingo, dejando el listó más que alto para futuras ocasiones.

Autodidacta, bebe de la fuente de su tierra, de la escuela guitarrística de los Morao y, a partir de ahí, recurre a su propia inventiva para construir su lenguaje. Comenzó con la solemnidad requerida por soleá, caminando en la fragilidad de las rondeñas (recreación del título ‘Alameda Vieja’ de Moraíto), llegando hasta los gustosos tientos y tangos en los que intervienen las voces de Enrique Remache, María José Fernández y Rosa Gómez, que inspiran sus letras en una de las rimas de Bécquer. Tiempo para el descanso de Ana, dando espacio al invitado Alfredo Lagos, que nos regala unos tanguillos cual fragancia de primavera. Vuelve Ana, de rojo, para unirse a Lagos por seguiriyas. Perico Navarro es el que maneja la percusión, discreta y acertadamente.

Uno de los hándicap del arpa es la delicadeza de su sonido frente a otros instrumentos, por lo que es más que preciso mantener un equilibrio perfectamente medido para que no quede soslayado, en este caso, por la guitarra. Y no ocurre, pues Crismán ha sabido diseñar con acierto cada intervención del concierto vistiéndolo de un dinamismo total. Tocamos el cielo granadino con una zambra compuesta de su puño y letra, y nos desplaza hasta Cádiz, por alegrías, casi en volandas. Jerezana hasta la médula, se despide por bulerías dejando escrito un mensaje en cada alma: he llegado para quedarme.

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