Reflexiones sobre psicología

Apoyo adecuado y resultados

  • Santiago Ramón y Cajal es un buen ejemplo de persistencia y motivación

Es curioso cómo aprenden los alumnos las sutiles artes de la tergiversación.

Desde que empiezan a fracasar o a no superar algunos exámenes o controles atribuyen la responsabilidad al profesorado exculpando de paso a los verdaderos responsables, que no son otros que ellos mismos.

Pero obviamente puede haber algo de cierto en esto, es más fácil ganar un partido con el apoyo del árbitro que sin él, incluso el apoyo del público influye en el rendimiento de los deportistas.

Pues bien, hay muchísimos alumnos que a pesar de sus comportamientos alborotadores, con el apoyo adecuado pueden obtener unos resultados excelentes.

Estos apoyos pueden venir dados tanto por el profesorado como por la familia. Mostrar confianza de forma incondicional en los alumnos es una de las estrategias que pueden resultar más efectivas si queremos conseguir que perseveren en sus estudios, que sean disciplinados y que no abandonen sus objetivos cuando se encuentren con las primeras dificultades.

Qué mejor ejemplo, en estos días que se ha cumplido el aniversario del nacimiento, el 1 de mayo de 1952, del mayor científico español de todos los tiempos, Santiago Ramón y Cajal, Premio Nobel de Medicina en 1906, compartido con Camillo Golgi por sus investigaciones sobre el sistema nervioso, y el descubrimiento de la neurona como unidad independiente del mismo.

Basta decir de él que en los últimos índices de impacto de autores, hoy por hoy, es uno de los autores más citados en las revistas científicas especializadas, por delante de científicos tan relevantes como Albert Einstein.

Pues bien, Santiago Ramón y Cajal, fue un alumno que tuvo gran cantidad de conflictos con sus profesores y fue castigado duramente por sus comportamientos rebeldes.

Su padre que había nacido en una familia de campesinos y logró hacerse médico con muchas dificultades, le enseñó a valorar el esfuerzo por conseguir los propósitos y objetivos y cuando los resultados académicos no fueron buenos, le hizo trabajar primero como barbero y luego como zapatero mientras sacaba sus estudios de bachillerato.

Más tarde, en sus numerosas publicaciones, alabaría las virtudes de la disciplina, la motivación y el esfuerzo para conseguir progresar en la vida.

Como en el caso de Santiago Ramón y Cajal, del que podremos hablar más extensamente en alguna otra ocasión, existen muchos casos de grandes científicos y literatos en los que poca gente confió, pero que con toda seguridad habían tenido a alguien que les había enseñado a ser persistentes y a no desistir ante las dificultades, alguien que les enseñó que sus comportamientos provocaban unas consecuencias, buenas o malas, cuestión de elegir.

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