Jerez

Tablas para apaciguar a socios y familia

  • La Asociación Andaluza de la Empresa Familiar, en colaboración con la Cátedra Santander, representa una obra para atajar conflictos emocionales que surgen en sociedades de este tipo

Se abre el telón. En escena, dos hermanos alrededor de la cuarentena desayunan con los infantes de uno y la segunda esposa del otro. Son dueños de un concesionario, heredado tras la muerte del fundador de la empresa, el padre. A los pocos minutos, la tensión emocional entre los propietarios de la empresa pasa de ser velada a frontal. Cuando hermano es sinónimo de socio, los balances, las estrategias de mercado y, en general, todos los quehaceres de la alta dirección se confunden con el amor-odio fraternal propio de ser arrullado en la misma cuna. 'El sucesor' es una obra del llamado 'microteatro', con propuesta escénica sin artificios y de corta duración. "Cuando vienen a verla familiares que pertenecen a la misma empresa y que sufren estos problemas diarios, al salir se dan cuenta de que deben cambiar", señala Mario Carranza, director general de la Asociación Andaluza de Empresa Familiar (AAEF), también autor del texto.

El pasado jueves, los dos actos que componen 'El sucesor' fueron representados en la sala Compañía. "El del jueves era un acto académico. Lo hemos grabado para poder utilizarlo como supuesto de estudio en las cátedras con las que colaboramos". Una de ellas es la Cátedra Santander de la Empresa Familiar de la UCA, cuyo titular es el docente Manuel Lorenzo. La de Jerez es la segunda representación que tiene lugar de esta obra tras estrenarse en Sevilla en el mes de noviembre. Uno de las claves de su éxito reside en la tertulia que tiene lugar tanto al final del primer acto como cuando acaba la obra. El objetivo es la reflexión empresarial, y por eso es fundamental la participación del público. Tras los primeros titubeos, la primera persona del aforo que se atreve a dar su opinión es una niña de "casi diez años", como ella misma dice. Mario Carranza dirige la charla. Le pregunta sobre las reacciones del protagonista, uno de los dos hermanos, el que se muestra más antipático y quien arrastra una mala relación con su padre. "No me gusta Ricardo porque es malo, su hermano me cae mejor", suelta la niña. Lo evidente da en el clavo.

A raíz de ello, Carranza comienza a repartir el micrófono entre el público. "¿Qué debe hacer si no puede trabajar con su hermano? ¿Partir la empresa por la mitad, con todos los gastos que ello conlleva? ¿Seguir como están y arriesgarse a que la empresa no funcione? ¿Malvender y repartir el dinero?", pregunta el director de la AAEF. A medida que avanza el coloquio, se van extrayendo más conclusiones sobre las posibilidades de los protagonistas para llegar a entender. Carranza, con su texto, consigue concienciar de que es necesario repensarse los comportamientos de uno antes de permitir que esto dinamite a la vez la convivencia familiar y empresarial. "Pensad que estáis trabajando en ese concesionario, imaginad que sois el mejor vendedor, o el mejor mecánico. ¿Cuánto tiempo aguantaríais una situación como esa, en la que los hermanos van cada uno por su lado, uno de ellos lastrado por su necesidad de reconciliarse con su padre ya fallecido? Pues éste es un riesgo real que las personas con talento se marchen".

El de la obra es un caso de familia sucesora en primera generación, los hijos. Cuando las sociedades son mas antiguas y hay multitud de herederos, estos suelen acabar delegando en responsables que toman las decisiones y se sientan en el consejo de administración. Si son los hijos o los nietos los que directamente toman decisiones, las posibilidades de que todo salte por los aires aumenta. De ahí la necesidad de que una obra como esta ponga sobre la mesa todas las decisiones de tipo emocional que se deben tomar para mejorar el día a día. Como dice Carranza, citando a Tolstoi, "todos pensamos en cambiar el mundo, pero nadie piensa en cambiarse a sí mismo". Para esto está 'El sucesor'.

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