Jerez

Toxicología frena la instrucción del 'crimen del indigente letón'

  • El juez apremia a los investigadores a que den los resultados de las pruebas biológicas tras cinco meses de parón

La autoridad judicial ha apremiado de forma urgente al Instituto Nacional de Toxicología para que entregue los resultados de las pruebas biológicas realizadas en el caso del indigente que murió aplastado en el interior de un camión de la recogida de basura de Jerez el pasado mes de febrero. El cadáver del indigente, que fue detectado en la planta de Las Calandrias el día 22 del referido mes de febrero, presentaba signos claros de un aplastamiento mecánico producido por las palas compactadoras del camión de Urbaser. El juez ha solicitado hasta en tres ocasiones que se le remitan dichos resultados, la última de ellas el pasado 9 de junio sin que haya obtenido una respuesta satisfactoria hasta el momento. La insistencia de la autoridad judicial es lógica ya que por dicha causa hay cuatro personas encarceladas de forma provisional.

Según ha podido saber este medio las defensas de los ciudadanos extranjeros, dado el tiempo transcurrido sin que se obtengan las pruebas biológicas, van a solicitar la libertad de sus defendidos. Pese a todo, se antoja algo complicado ya que los tres polacos y el alemán encarcelados son indigentes, no tienen hogar ni arraigo familiar alguno en España, con lo que el riesgo de fuga es muy elevado.

El presunto delito de homicidio en la persona de este súbdito letón mantiene en prisión desde finales de febrero a tres ciudadanos polacos y otro alemán, acusados de haber dado muerte al indigente. Los agentes del Cuerpo Nacional de Policía que se hicieron cargo de la investigación recogieron diversas pruebas biológicas distribuidas entre la casa de la calle Lealas que ocupaban los cinco mendigos y el contenedor de materia orgánica de la calle Asta donde el cuerpo fue depositado cuando aún vivía. Saber a quién pertenecía la sangre resultará determinante para la causa, ya que en caso de proceder de alguno de los cuatro indigentes podría suponer la imputación del mismo como parte actuante en el presunto homicidio mientras que si, por el contrario, fuera del fallecido se entraría en lo que se podría considerar como un callejón sin salida. ¿Se refugió el fallecido en el interior del contenedor en plena borrachera por razones difíciles de entender para una persona centrada?

Y es que el grupo de cinco indigentes que protagonizó tan luctuoso suceso puede ser calificado de cualquier cosa antes que de grupo normal. El fallecido, al parecer, era permanentemente maltratado por el resto, a pesar de lo cual compartía su compañía para abastecerse de alcohol. La vida del letón el alemán y los tres polacos giraban en torno al consumo de vino barato y de hachís. No en vano, en el estómago del fallecido, tras serle practicada una prueba conocida como análisis de contenido gástrico, se encontraron restos de alcohol y carne. En la sangre había un 2,9 gramos del alcohol por litro, lo que multiplica por seis la tasa permitida para conducir. En otras palabras, la borrachera del fallecido era espectacular. Por otro lado, el análisis de orina descubrió que el finado consumió derivados del cannabis antes de morir. Tenía una concentración de 340 nanogramos por mililitro de orina.

Un asunto especialmente destacable es que, a pesar de lo que algunos medios informaron en principio, el cuerpo del indigente letón jamás llegó a ser seccionado por las compactadoras del camión de la basura de Urbaser, por lo que la se desmonta la versión de que la alarma en Las Calandrias saltó cuando se observó un brazo separado del cuerpo.

En la autopsia se revela de forma literal que la causa del fallecimiento fue "la asfixia mecánica por compresión del tórax y el abdomen", por la compresión de la máquina trituradora de los residuos. Es decir, aunque quería respirar el fallecido no pudo hacerlo dada la imposibilidad de expandir los pulmones al tenerlos fuertemente aprisionados.

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