Anecdotario de pandemia Del 'perro atlético' al caminante 'embotellado'

  • Agentes de las fuerzas del orden narran casos de la picaresca local durante los meses más duros del Covid

Agentes de la Policía Local multan a unos jóvenes por ir sin mascarillas por el centro de Jerez.

Agentes de la Policía Local multan a unos jóvenes por ir sin mascarillas por el centro de Jerez. / Pascual

Cuando empieza a verse la luz al final de ese largo y terrible túnel que ha sido la pandemia del coronavirus Covid-19 es el momento de echar la vista atrás y buscar, dentro de tanta tragedia, esos momentos inigualables que una situación tan anormal y extraña ha provocado en Jerez.

Como narradores de los hechos están los agentes de los cuerpos de la Policía Local y de la Policía Nacional, funcionarios que se han erigido durante meses en garantes del cumplimiento de unas normas que, pese a su difícil entendimiento y de su 'volatilidad' política, había que hacer cumplir.

Si hay dos cuerpos policiales que en el casco urbano de Jerez han trabajado porque el confinamiento fuera efectivo, que los cierres perimetrales se respetasen y las normas de la denominada 'nueva normalidad' fueran acatadas son sin duda los agentes de la Policía Local y de la Policía Nacional.

Una vez que las vacunaciones han venido a poner esperanza hablan con este medio. Lo hacen sin desvelar sus identidades, pero narran, que es lo importante, la forma en la que un 'trago tan duro' como el confinamiento se vivió en una tierra donde la picaresca, si no es reina, es princesa.

¡Pobre perro!

Uno de los casos más simpáticos, y picarescos, lo narra un veterano agente de la Policía Local a este medio. “Recuerdo un día en el que íbamos patrullando con las calles desiertas. Pasamos por el Arco de Santiago y vimos a un señor paseando a su perro. No le dimos importancia, pero es que mucho tiempo después nos lo encontramos de nuevo por las inmediaciones. Creo recordar que el tiempo de paseo por entonces eran diez minutos para que las mascotas se aliviaran. Nos acercamos y entonces surgió la sorpresa”. Y es que cuando los agentes le requirieron al ciudadano que se identificase tal y como era su obligación, así como que les informase “de forma fehaciente acerca del lugar donde residía resultó que ese señor iba por el barrio de Santiago cuando vivía nada menos que en Cuatro Caminos. Le propusimos para sanción”.

Aunque pueda resultar curiosa, “no puede caber duda de que como ésta tuvimos mil y una incidencias. Muchísima gente estaba agobiada en casa y buscaba cualquier excusa para salir fuera de las cuatro paredes de su casa”.

'Caminante con botella'

Otro caso que los agentes locales narran “como algo más que habitual” es el de “la persona que se dedica a pasear por las calles de la ciudad con la mascarilla bajada. Lo ves cuando pasas patrullando y te fijas. Lleva una botella de agua a pulso en la mano para refrescarse y beber y, de esta forma, poder evitar la acción policial. Lo malo es que cuando pasas de nuevo mucho tiempo después, te lo encuentras por una calle a cientos de metros de distancia y sigue en idéntica actitud procedes a sancionarle porque has comprobado de forma fehaciente que la botella de agua es simplemente una excusa”.

'Orden de alejamiento con Covid'

Para los ciudadanos la nuevas reglas, normativas y leyes supusieron un calvario mental. Para los agentes, que critican abiertamente “la forma en la que toda la reglamentación iba variando sin darnos tiempo siquiera a adaptarnos”, ese esfuerzo era aún mayor. Una agente especializada en violencia de género reconoce que “tuvimos casos de maltratadores en la ciudad que pese a estar condenados a una orden de alojamiento no podían abandonar el domicilio familiar al estar contagiados de Covid” ¿Qué hacer en semejante situación? “Pues lo que hacíamos era mantener el más estrecho contacto posible con la víctima, colocar en la puerta todo el día un coche de patrulla dispuesto a actuar... Y a empezar a contar días de aislamiento. Cuando se cumplía el día número 15 se cumplía la orden de alejamiento y esa persona abandonaba el domicilio familiar”.

La 'frontera' de Luz Shopping

A lo largo de la pandemia, especialmente durante los cierres perimetrales, ha sido habitual ver cómo uno de los puntos elegidos por las fuerzas del orden para controlar que nadie saliera ni entrara en Jerez sin permiso era la zona de 'Luz Shopping'. La razón, aseguran los policías de la ciudad, “no es otra que sabíamos, de un lado, que es un acceso fácil para salir de la ciudad a través de la Ronda Oeste y, de otro, que las amplias zonas comerciales de Jerez ejercen un poder de verdadera atracción sobre muchas personas”. Así, en pleno cierre perimetral “llegamos a encontrarnos con una pareja de San Fernando que venía a comprar una freidora y que eso era algo para ellos de primera necesidad”, así como otro caso en el que “llegaban de la zona de la Bahía a descambiar prendas de ropa porque se les iba a acabar el plazo”. No se trató de casos puntuales, “como estos descritos tuvimos cientos”, señalan agentes locales a este medio.

'Colocarse' en plena pandemia

Agentes de la Policía Nacional controlan una zona de venta de drogas en el sur de Jerez. “Sólo se puede salir para comprar alimentos y nos encontramos a un hombre joven con su coche. Está esperando en San Telmo. Pero no sabemos qué pasa realmente. Y nos acercamos”.

“Al ser preguntado nos dijo que iba a comprar y que estaba esperando a su mujer que había ido a casa de su hermana para traerle también la compra. Le dijimos que debía ir uno sólo y nos contó que él tenía fobia a los espacios cerrados y con mucha gente (¡en una pandemia que vació las calles!), pero que su mujer no tenía carné de conducir y la llevaba él. Le pedimos que llamara a la mujer y ésta apareció al rato en chanclas y con aspecto propio de no ir a comprar en ningún lugar pues vestía una bata... Antes de que pudieran hablar le pregunté a ella por sus razones de estar en la calle y me dijo que iban a comprar. ¿Así vestida va usted al súper?, le dije, a lo que rápidamente ella contestó, “yo no entro, entra él” desmontando de esta forma el engaño”. Al parecer en algo decían la verdad: iban a comprar, pero nada que se pueda comprar precisamente en una tienda.

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