Jerez

El embalse Guadalcacín II y el trasvase Guadiaro-Majaceite

  • Arriba, el embalse de Guadalcacín II con la torre de toma de agua; abajo, salida de agua a pleno rendimiento desde el túnel del trasvase Guadiaro-Majaceite.

PESE al gran esfuerzo realizado en el territorio de la provincia durante las décadas anteriores, a comienzos de los 80 se vio la necesidad de acometer la construcción de nuevas presas. Tras el éxito de los procesos de puesta en regadío en la campiña jerezana llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Colonización en los años 50 y 60, donde se crearon 10.000 hectáreas de regadío, en los años 70 la declaración de nuevas zonas de la provincia como Regadíos de Interés Nacional (Costa Noroeste, Montealgaida, Coto de Bornos, Bajo Guadalete) y su posterior puesta en riego convirtieron en insuficiente la red de embalses construidos hasta ese momento en las cuencas del Guadalete (embalses de Guadalcacín, Arcos y Bornos). Junto a ello, las demandas de agua para el abastecimiento de la población en la zona gaditana se incrementaban de forma sostenida, dando lugar a frecuentes restricciones en el consumo en años especialmente secos, como consecuencia de la modesta capacidad del único embalse destinado al abastecimiento, el de Los Hurones. Estas circunstancias llevaron a la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir a emprender durante las décadas de los 80 y 90 una serie de importantes obras en las cuencas del Guadalete y del Barbate para resolver las importantes deficiencias hídricas que padecía la zona occidental de la provincia de Cádiz. Entre estas obras destacan por su importancia la ampliación del embalse del Guadalcacín y el trasvase del río Guadiaro al Majaceite.

La nueva presa del Guadalcacín II se ubicó a unos 150 metros aguas abajo de la primitiva, que quedaría sumergida en el nuevo embalse. La redacción del proyecto y la dirección de las obras recayeron en el ingeniero Alfonso Jurado Álvarez, durante muchos años y hasta su reciente jubilación máximo responsable de la oficina delegada de la CHG en Jerez. La presa estaría constituida por una mole de materiales sueltos de 77 metros de altura y 250 metros de longitud, con un núcleo central arcilloso como elemento impermeable y espaldones de acarreo y escolleras. Tras su construcción, la capacidad del embalse pasaría de 76 hectómetros cúbicos a 800, convirtiéndolo en el segundo mayor de Andalucía.

La obra no estuvo libre de dificultades, pues la cimentación del núcleo no fue fácil, ya que las investigaciones sísmicas revelaron que en la margen derecha existía un paquete de rocas muy alteradas. Sin embargo hubo otras circunstancias favorables, como lo fue el que todos los materiales (arcillas, gravas, acarreos y escolleras) se obtuvieron en las proximidades de la presa, lo que resulta excepcional en obras de esta naturaleza.

La presa dispone de un aliviadero en su margen derecha capaz de evacuar 283 metros cúbicos por segundo, de un túnel de desagüe de fondo de 6 metros de diámetro por 258 metros de longitud que evacua hasta 132 metros cúbicos por segundo, y de una llamativa torre de toma de agua.

Finalmente, las obras concluyeron en 1995 dejando el embalse con una superficie de 3.760 hectáreas y un perímetro de 104 kilómetros. No obstante, desde el momento en que este embalse fue proyectado, se era consciente de que las aguas de escorrentía recogidas por su cuenca vertiente resultarían insuficientes para aprovechar al máximo su capacidad de almacenamiento. Esta dificultad sólo podía superarse mediante el trasvase de caudales entre los ríos Guadiaro y Majaceite, mediante un túnel ubicado a caballo entre las provincias de Cádiz y Málaga. Esta obra fue finalmente contemplada en el Plan Hidrológico Nacional del año 1993, que plasmó la urgente necesidad de aumentar las dotaciones de agua de la parte occidental de la provincia de Cádiz, muy castigada por los años de sequía de principios de los noventa, donde se sufrieron prolongadas restricciones de suministro en todos los municipios de la Bahía de Cádiz .

La solución adoptada fue trasvasar parte del caudal del río Guadiaro, mediante un túnel de 12 kilómetros de longitud y 4,20 metros de diámetro interior que uniría el cauce de este río a su paso por Cortes de la Frontera (Málaga) con el río Ubrique, afluente de río Majaceite que vierte sus aguas al embalse de Los Hurones. A este acueducto se le denominó Túnel de Buitreras. Las obras entrañaron una gran dificultad, pues se trataba de excavar un túnel atravesando macizos montañosos y a profundidades de hasta 500 metros bajo la superficie. Ello explica que se alargaran entre los años 1994 y 1997, y que finalmente su coste ascendiera a 36 millones de euros.

El trasvase fue regulado por la Ley 17/95, y entró en funcionamiento por primera vez el 27 de noviembre de 2000. Entre las limitaciones que la propia ley establece, destaca la de que el volumen de agua trasvasado no superará los 110 hectómetros cúbicos al año. Igualmente, queda establecido que el destino de esta agua sea exclusivamente el abastecimiento urbano e industrial de los municipios de la denominada Zona Gaditana.

La puesta en servicio de estas dos grandes obras, el embalse de Guadalcacín II y el trasvase Guadiaro-Majaceite, dio una solución a largo plazo para el abastecimiento de agua a la población de la mayor parte de la provincia, pues ello permite disponer de agua de reserva para el abastecimiento ante ciclos de sequía prolongados.

Finalmente, el siglo XX termina con la culminación de otras dos grandes obras hidráulicas en la provincia: las presas del Barbate (1992) y Zahara-El Gastor (1995). Ellas dos junto con el embalse de Guadalcacín II supusieron la triplicación, en la década de los 90, de la capacidad de almacenamiento de agua en la provincia, pasando de poco más de 600 hectómetros cúbicos a los 1800 actualmente disponibles.

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