Historia/Jerez

El inolvidable gran despegue

  • El investigador jerezano Jesús Caballero Ragel publica un libro sobre el crucial cambio urbanístico, social y económico de Jerez en el XIX, origen en gran parte de lo que existe hoy

Grabado de la ciudad de Jerez por Alfred Guesdon (1808-1876). Grabado de la ciudad de Jerez por Alfred Guesdon (1808-1876).

Grabado de la ciudad de Jerez por Alfred Guesdon (1808-1876).

Una sociedad burguesa industrial y comercial, dinámica y cosmopolita, más saludable y habitable. Esas eran las pautas que marcaban el gran despegue, el lanzamiento económico de Jerez en el siglo XIX, que caminaba en paralelo a su gran transformación urbanística. Asuntos que marcarán el futuro de Jerez y que el investigador Jesús Caballero Ragel ha llevado al libro ‘Apuntes para el urbanismo en Jerez durante el siglo XIX’, editado por ‘Tierra de Nadie’, que estaba previsto que se presentara este mes de abril, pero que ya está disponible online.

La mayoría de los datos aportados en este trabajo pertenecen a la tesis doctoral del autor titulada ‘Arquitectura y Urbanismo en Jerez durante el reinado de Isabel II (1833-1868)’ (UCA, 2013). Un libro en el que se ofrece información tan valiosa como curiosa a la vez, como que Jerez se convertirá en una urbe moderna bajo los principios liberales decimonónicos que recogerá los antiguos principios ilustrados dieciochescos. De esta forma, se crean infraestructuras y equipamientos que harán de Jerez una ciudad más saludable y habitable.

En 1844 queda plenamente configurado el servicio de recogida de basuras, disponiéndose de vertederos estables y normas para el aseo permanente de la ciudad. El resultado será la paulatina desaparición de las epidemias. A ello contribuye el alcantarillado integral de la ciudad, que se consigue plenamente en la década de los 40 del siglo XIX.

“Desaparecerán los pozos ciegos y se obligará a los vecinos a desaguar a través de las madronas o grandes tuberías subterráneas que se abren por toda la localidad. Asimismo, una serie de normas de conductas cívicas fortalecerá la higiene de la ciudad. Desaparece el tránsito de los rebaños, se prohibirán las curas de los animales por los veterinarios en plena calle, se ponen trabas al ganado doméstico, se establecen columnas mingitorias en las calles, etc. Se creará un gran cementerio general y se dejará de enterrarse en las iglesias”, cuenta este doctor en Arte y Humanidades.

Un tiempo en el que se desarrollarán legislaciones urbanísticas para un mejor reordenamiento de la ciudad, estableciéndose normas para actividades consideradas peligrosas para la ciudadanía. Se creará un servicio de bomberos, imprescindible en una ciudad industrial donde los incendios provocados por los alambiques de licores serán constantes.

El urbanismo se ajusta, conforme al ideal liberal, a mejorar la vida de los ciudadanos. Se enumerarán las calles y plazas. Se derribarán puertas y lienzos de la antigua muralla islámica para mejorar el tránsito de la ciudad. Jerez se llena de arboleda variada dando un aspecto de ciudad aseada y más habitable. Toda la ciudad se pavimenta y se acera, mejorando la movilidad interior y los transportes.

Los problemas que origina el río Guadalete con sus continuas crecidas dañando el Arrecife Real a Cádiz y la dificultad de entrada y salida de barcazas al muelle de El Portal serán la causa fundamental de que en Jerez se construya el primer ferrocarril de Andalucía.

“En 1854, por iniciativa de burgueses jerezanos, se inaugura la línea de Jerez al Trocadero, con la finalidad esencial de transportar las botas de vino a la Bahía de Cádiz para su exportación. El ferrocarril provocará profundos cambios urbanísticos en la ciudad. El apartado barrio de El Ejido, diseñado como espacio de ocio a finales del siglo XVIII se convertirá en el principal barrio industrial, instalándose bodegas y almacenes que aprovecharán su cercanía al ferrocarril. Desde 1858 Jerez contará con un ferrocarril de sangre a base de vagones tirados por caballos o mulas sobre raíles, sin duda un pionero sistema de tranvía en España”.

"Se crearán nuevos espacios para el disfrute ciudadano, muchos de ellos fruto del derribo de los templos y conventos"

En 1839 se inauguró un nuevo alumbrado público de aceite más eficaz. Sin embargo, los costos de la materia prima utilizada para la combustión, el aceite vegetal, eran demasiado onerosos para el ayuntamiento jerezano. Desde 1844 hay constancia del interés de numerosos ingenieros extranjeros, la mayoría al servicio de grandes compañías multinacionales, de establecer un alumbrado a gas en la ciudad. Fue una realidad el 1 de febrero de 1860.

Después de numerosas vicisitudes, en las que el municipio llegó a no poseer alumbrado público durante 8 años, la Compañía Industrial del Alumbrado y Calefacción por Gas volvió a restaurar el alumbrado a gas en 1873. Tras numerosas gestiones para instalarse un alumbrado eléctrico, éste no fue posible hasta el 11 de febrero de 1893, siendo Jerez también una ciudad pionera en este tipo de alumbrado.

Otro gran esfuerzo en materia de infraestructuras fue la traída de agua potable a la ciudad. Tras varias propuestas, el ingeniero Ángel Mayo fue el artífice de esta magna obra de ingeniería que culminó con la inauguración de la llegada de aguas de Tempul el 16 de julio de 1869.

Datos relevantes también como que se crearán “nuevos espacios públicos para el disfrute ciudadano, muchos de ellos fruto del derribo de los templos y conventos desamortizados. Con el derribo del convento de La Concepción se creará la actual Plaza del Progreso. Con el del convento de Monjas de San Cristóbal nacerá la Plaza de Eguilaz, actual Alameda del Banco. La Plaza del Arenal continuará como espacio público más importante de la ciudad y recibirá varias reformas durante la época isabelina”.

Recuerda Ragel que sin duda “será la construcción de bodegas en la periferia de la ciudad lo que favorezca la expansión urbanística. Si bien a comienzos de siglo las bodegas están por todo el centro de la ciudad, sobre todo en forma de casas-almacenes y casas-bodegas, se irá imponiendo la construcción de grandes cascos bodegueros en las afueras, buscando la mayor comodidad en el transporte del vino”.

El apogeo económico que vive Jerez se verá reflejado en una fiebre constructiva. Se va a reformar casi todo el caserío urbano, quedando hoy día un centro histórico mayormente de edificios decimonónicos. El arte constructivo en Jerez seguirá las normas que imponen las Academias de Bellas Artes.

“La obsesión municipal durante la época isabelina será dotar a la ciudad de tres infraestructuras que consideraba esenciales y propias de una ciudad modernizada: un teatro, un mercado centralizado y un circo o plaza de toros. En este trabajo narramos en el libro las vicisitudes que se desarrollaron hasta que Jerez pudo contar con estos tres edificios, esenciales para la convivencia social y el disfrute de los jerezanos”.

Tal es el caso del edificio del Mercado de Abastos realizado entre 1873 y 1885 en original arquitectura del hierro por el arquitecto valenciano establecido en Jerez José Esteve y López. Otros ejemplos serían la creación de la plaza de toros por diferentes arquitectos y en diferentes fechas. En 1840, el arquitecto Juan Daura realizó un primer coso taurino, que sufriría un incendio en 1860 que lo dejaría inutilizado. Fue reconstruido en 1872 por José Esteve y López y tras incendiarse intencionadamente en 1891, fue reconstruido de nuevo en 1894 por Francisco Hernández Rubio. El Teatro principal no fue una realidad hasta 1885, reedificado por José de la Coba y Mellado.

El autor confía en que este trabajo “siente las bases para futuros estudios sobre el urbanismo en Jerez, que amplíen los conocimientos de la evolución de la ciudad en el siglo XIX y su posterior desarrollo en el  XX. En este sentido, espero que este libro sea una obra que permita trabajar a los historiadores en trabajos que complementen y superen ampliamente el mío”.

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