'Ètim' | Crítica Un delicioso maridaje

  • El pianista catalán Lluís Capdevilla publica un notable álbum inspirado por el vino de su ciudad natal

El pianista Lluís Capdevila. El pianista Lluís Capdevila.

El pianista Lluís Capdevila.

Una foto del autor concentrado en su piano y rodeado de las botas que contienen el vino de la cooperativa Falset Marçà ilustra la, cuando menos, curiosa crónica del nuevo álbum de Lluís Capdevila (1981). En lo que supuso un retorno a sus orígenes, el pianista y compositor catalán se volcó en una experiencia que tomó como epicentro su pueblo natal –Falset, en la comarca tarraconense de Priorat– y que buscaba la interacción entre vino y música. Vino como fuente de inspiración creativa y música como factor de enriquecimiento de parte de la añada 2012 de uva Syrah. Durante siete meses, Capdevila convirtió la bodega en su laboratorio, dejándose llevar por una mezcla de método e improvisación que deparó más de quinientas horas de música. Finalizado el ensayo, una enóloga certificó la mejora del vino que había rodeado a Capdevila durante sus muchas horas de soliloquio en relación a un lote que había permanecido alejado de su influencia musical. Ocho de aquellas composiciones figuran ahora en este Ètim (CD Baby; 2020).

Capdevila no es un recién llegado: el jazz lo acercó a la Gran Manzana de la mano de una beca Fullbright y de un doctorado en Artes Musicales en la Universidad Stony Brook. Sus precedentes trabajos lo definieron como un considerable pianista y compositor, interesado antes en la esencia que en el virtuosismo. Diáspora (2016), en formación de trío, y Cinematic Radio (2019), el cual contó con la aportación del gran trompetista Tom Harrell, lucieron sus galas con contrastada solvencia, sustentados en una partitura propia y en adaptaciones que saltaban del My Romance de Rodgers & Hart hasta Adoro de Armando Manzanero.

Dos adaptaciones que remozaron esa combinación de sensible motivo y baladístico desarrollo que asienta ahora su discurso. Producido por su habitual colaborador, Petros Klampanis, Ètim refuerza esa insinuante sensación sobre un cuadro de reflexivas composiciones cuyo valor radica en su potencial para condensar con profundidad el cúmulo de influjos que las genera. Sin fracturas ni elucubraciones. A modo de reflejo de una gestación tan equilibrada y distinguida como el vino que ayudaron a madurar.

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