El Peñón tras el Brexit | Javier García Oliva

"Sería un error imaginar que la cuestión de Gibraltar no importa a los británicos"

  • El profesor de Derecho Constitucional en la Universidad de Manchester habla de la problemática de las fronteras en el Brexit 

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Los principales escollos en las negociaciones del Brexit, como se presuponía, están siendo sus fronteras. Si Gibraltar es un dolor de cabeza, la frontera norirlandesa es un ataque de migraña. Como explica el gaditano Javier García Oliva, ninguna de las partes quiere un hard border –una frontera con control policial y comercial–, pero es difícil imaginar otra opción. “Añade que el DUP (Democratic Unionist Party) se opone a cualquier diferenciación entre Irlanda del Norte y el resto del Reino Unido”, indica.

“La Primera Ministra no tuvo otra opción –apunta, respecto a los comentarios de Theresa May sobre los acuerdos de Gibraltar–. Tenía que presentar el resultado de las negociaciones como una victoria, porque los políticos, no sólo de la oposición, persiguen cualquier señal de debilitamiento del ejecutivo”.

“El Gobierno británico, en su relación con Gibraltar, es como un dragón dormido con su tesoro –continúa–. No está realmente interesado en el oro hasta el momento en que alguien quiera apropiarse de él. En ese momento, el dragón se despierta y arroja fuego. Sería un error imaginar que la cuestión de Gibraltar no importa a los británicos”.

García Oliva comenta el caso de un territorio que abandonó la UE pero sigue formando parte de un Estado miembro: Groenlandia. Según esto, “hipotéticamente, Gibraltar podría seguir siendo parte del Reino Unido, o encontrarse en una situación de cosoberanía, y pertenecer al mismo tiempo a la Unión tras el Brexit”. “El problema, en cualquier caso, es más político que jurídico –desarrolla–. Si Gibraltar pudiese permanecer en la UE sin abandonar el Reino Unido, ¿por qué Escocia no podría disfrutar de la misma libertad, por ejemplo? Nadie quiere abrir esa caja de Pandora”.

Javier García Oliva señala que no sólo Gran Bretaña sufrirá si el Brexit se produjera sin acuerdo:“España y otros Estados miembros de la Unión, también. Perseguir los intereses nacionales de España en esta situación fue y sigue siendo complicado –advierte–. Gibraltar no es la única pieza de este puzzle complicadísimo. No es simplemente una parte del Reino Unido, como las Hébridas Exteriores o las Shetland. El documento del pasado domingo es claramente un reconocimiento internacional, pero también británico, de que la voz de España deberá escucharse en un futuro para determinar el destino de Gibraltar. Gran Bretaña no podrá decidir unilateralmente sobre este territorio, y éste puede ser, quizás, un paso en el camino hacia la cosoberanía”.

Una “pérdida” más en un camino que está siendo, y se promete, duro para los británicos: “La sociedad sigue estando dividida –afirma García Oliva desde Manchester–. Miles de personas persiguen la celebración de un segundo referéndum, pero la oposición de otros sectores es incuestionable. De hecho, los partidarios del Brexit afirman que una segunda votación sería antidemocrática. Muchos pro-europeos creen que un segundo referéndum sería un error, bien porque subestima la importancia del primer resultado, o bien porque no hay garantía alguna de un resultado distinto”.

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