Vi Tío Pepe Festival

Alan Parsons, un superclase

  • Un concierto brillante y épico de la banda del artista inglés cierra con brillantez el programa del Festival

Un momento del concierto de Alan Parsons, el pasado sábado, en González Byass. Un momento del concierto de Alan Parsons, el pasado sábado, en González Byass.

Un momento del concierto de Alan Parsons, el pasado sábado, en González Byass. / Miguel Ángel González (Jerez)

Con un sold out en taquilla se celebró en la noche del pasado sábado el último concierto programado en el VI Tío Pepe Festival y, quizás, uno de los conciertos mas relevantes celebrados en nuestra provincia y ciudad en los últimos años. El broche al festival lo puso Alan Parsons con su nueva banda Alan Parsons Live Project. Era su única fecha en España y eso convertía el evento en un lujo bastante exclusivo para auténticos melómanos. 

Como indica su nombre en sus orígenes, Alan Parsons Project no era una banda en sí tanto como un concepto  o proyecto musical supervisado por su titular, Parsons, por aquel entonces un exitoso productor e ingeniero de sonido. Parsons decidió comenzar a crear sus propios registros y junto con el compositor-instrumentista Eric Woolfson pronto fundó Alan Parsons Project.

Parsons apenas si tocaba alguna vez los teclados y raramente cantaba, centrándose por completo en la parte de la producción, mientras Wolfson se encargaba de la composición. Estaba concebido como una especie de ‘foro’ por el que pasasen de forma rotatoria un sinfín de vocalistas y un buen puñado de buenos instrumentistas de estudio. 

Ciertamente, Alan Parsons demostró ser un superclase (al igual que el público), a la vez que un tipo bastante inteligente y rodado en cuanto al negocio de la industria musical se refiere. Y esto no es de extrañar pues, al margen de su exitosa carrera como productor musical e ingeniero de sonido, su catálogo de canciones de rock electro-indie-progresivo son absolutamente exquisitas, y al margen de las instrumentales, soberbias,  ninguna de ellas  sufrió por carecer en el directo de sus cantantes de aquellas grabaciones originales que lo encumbraron en la década de los 70 y 80. 

Resultó evidente durante el transcurso del concierto que se trató de respetar y ser lo más fiel posible a las interpretaciones de las canciones de sus discos. No es que no extrañáramos al ya reseñado y maravilloso colaborador, compositor, cantante y socio de Parsons, Eric Woolfson, fallecido en 2009, y al que hizo referencia en el concierto, todo un genio y mejor recordado por muchos como el cantante original de ‘Eye in the Sky’. 

Destacar que sobre el escenario hubo seis cantantes, cuatro de ellos principales para defender de manera perfecta las 21 canciones que se ejecutaron a la altura absoluta del mejor de los karaokes que pueda existir en el mundo. Respecto al sonido, no estamos acostumbrados a uno tan espectacular, tan tremendo, tan denso, reverberado y con multitud de capas que habría firmado el mismísimo Phil Spector y que me recordó en muchas ocasiones a su característico y prestigioso muro de sonido (Wall of sound).

Ahí también tiene mucho que ver el despliegue de medios técnicos ofrecido por el Festival a la banda. Chapeau!

Otro instante de la actuación de la banda. Otro instante de la actuación de la banda.

Otro instante de la actuación de la banda. / M. Á. G. (Jerez)

El concierto arrancó con ‘One Note Simphony’ (The Secret, 2019) en el que Parsons se mostró impasible sin mostrar emoción alguna -casi como durante todo el concierto- y concentrado en que todo saliera a la perfección. Aquí resaltó  P. J. Olsson, quien se encargó de cantar las canciones con un concepto más rock stars de la noche y  que demostró ser un cantante extraordinario.

Le siguió ‘Damned If I do’ (Eve, 1979) con una intro de teclado épica que dio paso a uno de los hits míticos de Alan Parsons Project y que muchos recordarán por aquel maravilloso videoclip homenaje a los cómics de los años 60 y 70. Estamos hablando sin duda alguna de la maravillosa ’Don’t Answer me’  (Ammonia Avenue, 1984) cantada por el propio Parsons, apoyado vocalmente por cinco miembros más de la banda de una manera perfecta y sobresaliente. 

La influencia de los Beatles asomó por el patio de La Tonelería en la composición y ejecución del sublime ‘Time’ (The Turn of a Friendly Card, 1980)   en el que P.J. Olsson, con extrema valentía, arriesgó con la voz y falsetes haciéndolo con éxito y de manera realmente impresionante. A continuación sonaron ‘Breakdown’ a la que siguió ‘I Wouldn’t, Want to Be’ (ambas del I Robot, 1977) con una intro a modo línea de bajo soberbia y en la que su protagonista en la ejecución vocal fue el enorme guitarrista Jeff Kollman, que brilló durante toda la noche de manera excepcional y salvaje. 

Tras todo esto, Alan Parsons se dirigió a la audiencia por vez primera explicando que su último álbum, ‘The Secret’, está absolutamente inspirado en su pasión por la magia y que deseaba que disfrutáramos todos del concierto. De nuevo una soberbia línea de bajo progresiva anuncia una enorme ‘Psychobabble’ (Eye in the Sky, 1982) en la que hay que resaltar que es la primera vez que Alan toma por primera vez durante la actuación el teclado.

Tras esto, un exquisito sonido de órgano Hammond apunta ‘Don’t let it show’ ( I Robot, 1977), a la que sigue uno de los momentos álgidos del concierto, ‘La Sagrada Familia’ (Gaudí, 1987) que apenas ha ejecutado en directo en los últimos años. La perfección vocal de la banda es tremenda y quedó de manifiesto de manera especial en esta canción.

Me sorprendió y de manera gratísima que incluyeran la country-folk ‘As light fall’ (The Secret, 2019) y es que al margen de ser hijo de músicos de corte folkies y ser lo que tocaba en sus inicios de juventud, era inevitable que su cambio de residencia de Londres a Santa Bárbara (CA), y por tanto su estancia en Estados Unidos, le hiciera volver a sus raíces musicales

Con ‘Can’t Take it With You’ terminó el primer set del concierto,  abriendo el segundo con el cósmico ‘I Robot’ (I Robot, 1977) y uno de los momentos mas bellos y mágicos le sucedieron cuando dedicó a su amigo y cofundador de APP Eric Woolfson  la canción ‘Limelight’ (Stereotomy, 1985), pidiendo al público que ondearan sus teléfonos móviles en el aire con la luz de la linterna encendida creando una atmósfera realmente bella. 

Tras ‘Standing in the Higher Ground’  (Gaudí, 1987) lo mejor estaba por llegar. Empezó a sonar ‘Lucifer’ (Eve, 1979) otro momento culmen y álgido del concierto que terminó de extasiar al magnífico público congregado y que supo apreciar la calidad de lo que estaba siendo testigo. En la ejecución de esta ya clásica pieza no se echaron de menos los bellos coros a lo ‘Ennio Morricone’, suplidos con maestría por el sintetizador. Personalmente he de decir que vibré con ‘Prime Time’ (Ammonia Avenue 1984). La bella Valeria, a la que tenía a mi derecha y muestra de la exquisita organización del Festival, creo que percibió mi emoción.Y es que no pude además dejar de recordar aquel melancólico y romántico videoclip donde dos almas logran escapar del maniquí que les atrapa como cuerpo, un momento para mí bellísimo a estas altura del concierto, en el que además destacó el guitarrista con un solo de tres minutos realmente espectacular y apoteósico.

Empezaron a resonar los acordes de la instrumental ‘Sirius’ que sirvieron de preámbulo y dieron entrada de manera extremadamente elegante y progresiva a ‘Eye in the Sky’ (ambas del Eye in The Sky, 1982), donde Alan hizo de frontman bajando a primera línea de escenario para conectar definitivamente con un público que hacía rato ya que estaba entregado, y que se había levantado de sus asientos dirigiéndose con determinación a los pies del escenario para venerar a Parsons y su banda. Ovación larga y sonora. 

No tuvieron más remedio que volver a pisar las tablas para hacer dos bises destacando personalmente la que dio cierre, la vitaminizante y enérgica ‘Games People Play’ (The Turn of a Friendly Card, 1981). No es Alan Parsons un tipo que muestre mucho sus emociones pero no pudo evitar sonreír de satisfacción tras las ovaciones recibidas durante el concierto y, especialmente, al final del mismo. 

Mientras se marchaban ellos y nos marchábamos nosotros, Alan lo tenía todo preparado e hizo sonar desde la mesa de sonido la siempre optimista y aleccionadora ‘Always look the bright side of life’ de los enormes Monty Phyton. No fue casualidad sino toda una declaración de intenciones final. Silben amigos y mientras, vean siempre el lado brillante de la vida. 

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