Cultura

Humor prehistórico, risas cero

Comedia. EUU, 2009, 100 min. Dirección: Harold Ramis. Guión: H.R. y J. Stupnitsky. Intérpretes: Jack Black, Michael Cera, Olivia Wilde, Christopher Mintz-Plasse, Vinnie Jones, David Cross. Cines: Bahía Mar (El Puerto), Ábaco (San Fernando).

Llevamos aquí varias semanas hablando de Judd Apatow como nuevo rey midas de la comedia americana, de sus bondades como productor, director y guionista, y va y estrena Año uno para echar por tierra todos nuestros parabienes con sus lamentables resultados. En fin.

Se trataba aquí de reflotar para la taquilla al veterano Harold Ramis, cómico de referencia de los tiempos de Saturday Night Live y National Lampoon, y director de un par de títulos memorables, Atrapado en el tiempo y Una terapia peligrosa, a mayor gloria de Bill Murray, Robert de Niro y Billy Crystal.

Como no podía ser de otra manera en la fórmula Apatow, el rescate implica también la presencia obligada de una estrella taquillera, el orondo Jack Black (Escuela de Rock, Tropic Thunder), y de un subalterno para dar juego, papel que en esta ocasión ha recaído en el joven actor Michael Cera, cuyo potencial cómico ha quedado ya sobradamente demostrado en títulos como Supersalidos o Juno.

Más allá del carácter quijotesco de la singular pareja protagonista, un gordo y un flaco con escasa sintonía dialéctica en pantalla, el principal problema de esta comedia ambientada en una improbable Prehistoria que mezcla alegremente el Paleolítico con el Imperio Romano o los episodios bíblicos reside en la poca gracia de un guión empeñado en repetir sus chistes malos (el doblaje hace el resto), casi todos de índole sexual o a costa de los anacronismos del lenguaje, y en un lamentable diseño de producción que, más allá de su carácter paródico, evidencia aún más la torpe labor de dirección de un desganado Ramis.

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