Crítica de Cine

Memorias de Suzanne Simonin

la religiosa

Drama, Francia, 2013, 112 min. Dirección: Guillaume Nicloux. Guión: Guillaume Nicloux, Jérôme Beaujour. Fotografía: Yves Cape. Música: Max Richter. Intérpretes: Pauline Etienne, Isabelle Huppert, Louise Bourgoin, Martina Gedeck, Françoise Lebrun, Alice de Lencquesaing, Gilles Cohen, Marc Barbé, Lou Castel.

Como aquella primera y rigurosa película dirigida por Jacques Rivette y protagonizada por Anna Karina en 1966, esta nueva adaptación cinematográfica de la novela homónima e inconclusa de Diderot busca huir del academicismo apolillado en una versión realista, austera y contemporánea del texto original que busca la actualidad de su discurso (feminista incluso) en el periplo de la joven Suzanne Simonin, hija (ilegítima) de una familia burguesa obligada a ingresar contra su voluntad en un convento y a tomar los votos en la Francia de finales del XVIII.

Esta nueva Religiosa asume la modernidad y la crítica social de los materiales originales y se propone de este modo como una lectura más naturalista, desmaquillada y cercana, más pegada a su protagonista y a la (su) idea de la libertad que al subrayado excesivo y obvio del discurso anticlerical, presente en la obra de Diderot y también en la de Rivette, que asumía el destino trágico de nuestra protagonista abocándola a un inevitable suicidio.

Guillaume Nicloux prefiere sin embargo mantenerse en un terreno ambiguo respecto al asunto de la fe y centrarse en los procesos del relato, con una cierta voluntad novelesca y entomológica, dejando una salida abierta a este particular via crucis de negaciones, obligaciones, vejaciones, abusos e incomprensión, repartiendo la responsabilidad entre el ámbito eclesiástico y el ámbito familiar (y social), despejando in extremis un camino de liberación personal a través de la confesión íntima de la escritura, una forma de resistencia y de rebeldía que se revela como una verdadera redención.

Resulta evidente que la actriz protagonista, Pauline Étienne, tiene menor presencia (y belleza) que Karina, aunque tal vez se nos antoje así más cercana al espíritu del personaje en un filme que recupera además a François Lebrun y ofrece pequeños e intensos papeles a Isabelle Huppert o Lou Castel para consolidar su operación de prestigio sin demasiadas renuncias.

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