Cultura

"Reflejo una realidad que no me pertenece, le pertenece a la gente"

  • El premiado fotoperiodista jerezano Emilio Morenatti habla de su profesión en la Escuela de Arte con el objetivo de "dignificar" la fotografía y debatir si se puede hacer arte de la tragedia

"¿Quién quiere ser fotoperiodista?", preguntó el conferenciante a la audiencia. La respuesta no fue masiva. Sólo una tímida mano se atrevió a asomarse. "¡Qué desgracia!", dijo el ponente entre risas para quitar hierro. El fotógrafo jerezano Emilio Morenatti se dirigía ayer desde el estrado del salón de actos de la Escuela de Arte a un grupo de alumnos, sin duda, con inquietudes artísticas, quizás, por desarrollar y descubrir. Porque cualquiera no puede encontrar belleza en el dolor, ser un maestro de la técnica fotográfica y estar además comprometido con la vida. Así se podría definir a este explorador de la imagen fija, actual coordinador de España y Portugal y editor para Europa para Associated Press (AP), agencia con la que trabaja desde 2003, después de haberle dedicado a EFE 11 años de labor. Ha cubierto múltiples trabajos nacionales e internacionales como Afganistán, Pakistán, Irak, Gaza... Y ganador, por ejemplo, de premios como el Ortega & Gasset y el World Press Photo en las ediciones de este año 2013.

Vino a Jerez para hablar de fotografía, de su fotografía, "y como yo me apunto a un bombardeo, nunca mejor dicho, pues decidí venir a hablar con los alumnos". Sin pretensiones, pero con la intención de intercambiar opiniones con ellos y de echarle más leña al fuego al eterno debate de ¿se puede hacer arte de la tragedia?, "en el que yo he entrado muchas veces y siempre queda en tablas". A este respecto Morenatti no se considera ningún artista, "soy fotoperiodista, no creo que haga arte, pero si alguien lo quiere considerar, por mí fenomenal. Reflejo una realidad que no me pertenece a mí, le pertenece a la gente, por eso no me considero artista. No puedo decir que esta foto estéticamente es mejor que la otra cuando hay un drama detrás", subraya.

Porque el objetivo es contar una historia con imágenes, de la forma más sintetizada posible y con estética, "y ésta última se usa para llegar al mayor número de personas posible a través del lenguaje internacional, sin barreras, que tiene la fotografía".

Comenta Morenatti que a los militares que van a la guerra les dicen que hay que ir llorados. Un lema que el fotoperiodista se atribuye cuando tiene que ir a cubrir un conflicto, "porque no es mi conflicto, es mi responsabilidad. No es ir a un escenario donde hay un drama a hacer lo que hace una ONG. Mi objetivo es contar esa realidad sin que me afecte, es mi responsabilidad, y si colapso, no termino de hacer mi trabajo. Lo que te salva es tirar para delante y terminar de contar lo que uno tiene que contar, lo que tiene delante". Y para ir llorado, Morenatti recuerda que antes hay que andar unos pasos previos, "como una simple manifestación que se convierte en violencia, en la que si mantienes la calma, resuelves bien y eres capaz de fotografíar lo que tienes delante, muy probablemente tengas el talento y las cualidades para luego enfrentarte a una drama mayor. Y así ir escalando". Porque en la guerra se aprende, el problema es si pagas unas consecuencias muy altas, como fue el caso de Morenatti, que perdió su pie izquierdo por una explosión en Afganistán en agosto de 2009. Y fue capaz entonces, en la camilla, de fotografiarse su pierna herida. "Sí, las consecuencias fueron un poco absurdas porque yo iba dentro de un vehículo, no manejando mi motricidad. Es como el copiloto que queda herido en un accidente". Hay que recordar que este "periodista de raza", como le califican algunos, fue secuestrado en Gaza en 2006 y estuvo con la tibia y el peroné rotos por un proyectil en 2007. Y sigue en la lucha.

Morenatti fue mostrando a lo largo de su charla algunos de sus trabajos. La sala pudo contener el silencio porque no había espacio nada más que para la vista. Fotografías de maltrato doméstico en Afganistán de rostros desfigurados por el ácido, burkas, luchadores de Lahore en Pakistán, Israel, Kabul, el agua de la muerte en Islamabad, los llantos por el hambre en Rawalpindi... Historias reales vistas desde una butaca roja de terciopelo que parecen tan lejanas..., que el fotoperiodista se encarga de acercar. La música la ponen latidos y unos extraños cánticos que estremecen, aún más.

"No hay manipulación en nada de esto. AP no manipula las fotos. Las fotos hay que mostrarlas tal como las capturas. Si es en color, pues color. Si de ahí las pasas a blanco y negro..., para mí es un modo de manipulación", confesó. "Hay que saber contar historias y hacerlo en el momento adecuado. La fotografía es un lenguaje universal que tiene que llegar a todos, no sólo a tu entorno, y esto es lo que a mí me pone. No hay que irse a Afganistán para hacer buenas fotos, se pueden hacer debajo de tu casa", comentó.

Algunos de los alumnos no sabían si querían ser de mayores Emilio Morenatti, "ni tampoco lo pretendo. Yo he venido aquí para dignificar la profesión, que no se vaya de madre, que sea de profesionales, no de aficionados. Que todo esto tenga un bagaje. Que a un joven le salga una foto buena no significa nada, todavía le quedan por delante al menos 20 años de carrera, porque esta profesión no se aprende en la universidad, sino en la calle. Quien quiera ser un periodista 'de guerra' se lo tendrá que currar. Pero lo que sí quiero es animar a la gente a considerar cualquier trabajo íntegro, para diferenciarlo de lo que es un periodismo ciudadano, un observador callejero y que no tiene nada que ver con las pautas y las normas que se tienen que cumplir en el periodismo, que en mi caso está avalado con 30 años de experiencia. Y la uso para hablar". Lo dice un profesional que está, ahora, haciendo un master en Londres en Fotoperiodismo, "porque a pesar de mi experiencia en la calle, la académica es imprescindible también para desarrollar tu trabajo. Hay cosas que sólo se aprenden en la Universidad".

Habla un tipo que fue el primero en cubrir fotográficamente el conflicto en isla Perejil, a la que llegó en una barca de juguete para pisar la tierra que durante dos semanas había fotografiada desde lejos, cuando ya todos se habían ido. Las imágenes dieron la vuelta el mundo. Decidió entonces llegar más allá, ir más lejos en la fotografía y contar historias de ciudades y países que parecen de otro mundo. Ya está él para recordar que existen.

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