Cultura

Talento para la desvergüenza

Películas como ésta las ha habido siempre, aunque con un carácter más explícito desde los años 60. Poco presupuesto, regular imaginación, efectos truculentos (antes más naif por la modestia de medios, hoy más perfectos por el abaratamiento digital), mal gusto a espuertas y argumentos que, de puro disparatados, resultaban deliciosos en su interminable barajar idénticos elementos. Se veían en modestos cines de últimas filas de pasión y retretes poco recomendables: Y se olvidaban. O se recordaban, sobre todo para provocar a los amigos que leían Film Ideal, entre risas. La crítica no se ocupaba de ellas y los cinéfilos las ignoraban. Nos divertían sus limitaciones y sus carencias, no sus inexistentes valores o logros. Y los susodichos amigos eruditos nos ponían como los trapos por pasar la tarde viendo Las garras de Lorelei, La noche del terror ciego o El ataque de los muertos sin ojos, por citar tres clásicos de Amando de Ossorio.

Pero el público de esas películas creció, y con ellos sus presupuestos, y con ellos sus calidades formales, y, con todo ello, el interés de esos gourmet de la comida basura con mala conciencia a los que no les basta hartarse de hamburguesas, sino que, además, pretenden que son alta cocina trasgresora. Se fue generando así una literatura crítica y analítica que prestaba exagerada atención a estas naderías. Los directores acabaron por creérsela y así fueron naciendo las mil corrientes bautizadas con precisión entomológica -gore, splatter, splastick, gorno- por los cinéfilofrikis que no son sino variaciones sobre la conversión en espectáculo de ficción de las viejas torturas públicas o libertinos sadismos privados que, en la era de la cultura de masas, explotó el pionero Grand Guignol parisino (teatro abierto en 1892 en el que representaban torturas, mutilaciones, abusos sexuales y otras crueldades o aberraciones).

A este filón pertenece esta película de severo título original (Dead Snow) y divertido título español (Zombis nazis) que promete lo que efectivamente da: una mezcla que suma el horror real (los nazis) y el fantástico (los zombis) en un ejercicio de splastick (unión del humor disparatado del slapstick y del horror sanguinario del splatter) que resulta ser una verbena de voluntarios despropósitos urdidos en torno al motivo ya clásico de los adolescentes que viajan a un lugar retirado para encontrarse allí con los horrores representados, en este caso, por unos nazis no muertos.

Entretenida y divertida para el público muy definido que se entretiene y divierte con estas cosas, sólo molesta por su tufillo cinéfilo -homenajes a Romero, Raimi, Jackson- que le resta la simple gracia y desmañada torpeza que hacían más simpáticas a sus modestas predecesoras ibéricas. Acabará en Hollywood, seguro, este joven realizador noruego con talento para la desvergüenza.

Terror, Noruega, 2009, 90 min. Dirección: Tommy Wirkola. Guión: T. W. y Stig Frode Henriksen. Intérpretes: Jenny Skavlan, Ane Dahl Torp, Stig Frode Henriksen, Bjørn Sundquist, Charlotte Frogner. Música: Christin Wibe. Fotografía: Matthew Weston. Cines: Al-Ándalus Bormujos, Al-Ándalus Utrera, Arcos, Cinesur Nervión Plaza 3D, CineZona, Los Alcores, Metromar.

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