José Luis Castro. Director de escena de 'Macbeth'

"Me da miedo que desaparezcan las cosas que hemos conseguido"

  • El sevillano propone un singular montaje marcado por el papel de la imagen que se verá el viernes y el domingo en el Gran Teatro de Córdoba

La recuperada temporada lírica cordobesa cumple la próxima semana su segunda estación con Macbeth de Verdi, una producción del Teatro Villamarta de Jerez protagonizada por Àngel Òdena y Maribel Ortega, con dirección escénica de José Luis Castro (Sevilla, 1953), exdirector del Teatro de la Maestranza y el Lope de Vega de su ciudad natal.

-Una ópera muy querida por Verdi, aunque no figure entre las más célebres de las suyas. De hecho, es un título algo soterrado...

-Sí, no es tan famosa como La Traviata, Un baile de máscaras o Aida. Yo creo que una de las razones es que no es fácil conseguir un buen reparto para Macbeth. Y también tiene cierto estigma, se ha dicho siempre de ella que es como un retrato sangriento de la vida, de la realidad. Muere hasta el apuntador, me decía el otro día un familiar que vino a un ensayo. Pero hemos llegado a un punto en la sociedad en que si analizamos el personaje con cierta perspectiva histórica vemos que no es para tanto: sólo mata a tres... Hay obras peores en este sentido. Además, hay una realidad en la sociedad que se repite a través de los siglos: la lucha por el poder, el hecho de que hay quien por el poder es capaz de asesinar de forma colectiva. Macbeth, desde luego, no es un santo, pero la mala de verdad es Lady Macbeth, la más conspiradora. Macbeth comete el gran error de matar para conseguir el poder, de traicionar a su rey, y a partir de ese momento se convierte en un hombre torturado. Al menos tenía cierta moral; se sentía culpable de lo que había hecho. Es cierto que Macbeth no es la mejor ópera de Verdi ni está entre las diez principales del género, pero habla bien de este teatro y esta ciudad que se haya programado para hacer temporada lírica con La Traviata. Está muy bien que un teatro arriesgue con óperas que no son tan fáciles de vender, sobre todo en ciudades en las que no se hacen numerosos títulos cada año desde hace dos siglos. En Milán se han visto cincuenta Macbeth, pero aquí ninguno. Pero que la gente no piense que es una ópera dura: es fácil de ver y no es larga. Tiene unas arias maravillosas y unos papeles principales que no todos los cantantes pueden acometer.

-La maldad y la falta de escrúpulos no son temas que sorprendan o escandalicen a un espectador contemporáneo...

-No, y una cosa importante es que él se deja llevar por el juego del destino, que también es algo actual. La historia se sitúa en un país y una época imaginarios, se supone que sobre el año 1100 o 1200. Macbeth es un gran general, el más importante, y de pronto se encuentra con un grupo de brujas, que es un aspecto que no ha cambiado: hoy seguimos creyendo en ellas y yendo a que nos echen las cartas. Ahí Macbeth comete un error: se fía del destino, cree que va a conseguir el poder y que nadie podrá con él. Macbeth se engancha a ese juego, se equivoca al fiarse del destino y comete el error de matar. Él como rey utiliza el poder para matar a los fantasmas más que a los propios enemigos: a todo lo que le puede hacer sombra. Y eso es lo más contemporáneo que tiene Macbeth. Estamos acostumbrados a vivirlo en la sociedad actual, en la que la lucha por el poder es algo muy duro.

-Este montaje destaca por su concepción escenográfica...

-El elemento más importante y casi el único de decorado es un sillón, el del rey. Todo lo demás es etéreo, está en el espacio pero no es una escenografía consistente. Todo el espectáculo está conformado por imágenes que algunas veces se proyectan sobre el propio telón, sobre tules o gasas, pantallas... Las nuevas tecnologías nos permiten contar esta historia a través de las emociones de los personajes: el dolor, el fuego, el miedo... El resultado es diferente, lo que más nos gusta es que es original, no utilizamos las proyecciones para recrear una escenografía ya que el espacio es muy abierto, casi no existe. Yo me di cuenta en otros montajes de Macbeth de que había momentos como las apariciones de las brujas que se resolvían de una manera muy primaria para lo que el espectador actual está acostumbrado. Hoy la gente está acostumbrada a ver El Señor de los Anillos y Harry Potter. Nosotros hemos utilizado las tecnologías para que, por ejemplo, las apariciones de Banquo sean más sorprendentes, para que se le aparezca sólo a Macbeth y sólo lo vean él y el público, no el resto de los personajes.

-Conceptos de ópera contemporánea sobre un texto inmortal...

-Sí, es contemporánea y se puede decir que yo tenía miedo cuando la estrenamos en Jerez hace algunos años, porque allí el público está acostumbrado a la ópera pero no a producciones demasiado modernas. Pero fue muy bien recibida. Es una producción singular, moderna porque el público no está acostumbrado a este tipo de imágenes y de juegos escénicos. Tiene una puesta en escena teatral, expresionista, en la que los personajes dibujan muy bien su personalidad a través de sus expresiones y de la forma de moverse y andar. Hemos hecho un trabajo teatral importante, contando con gente de la Escuela Superior de Arte Dramático y el Coro Ziryab, que me ha sorprendido mucho: un coro joven capaz de hacer con los personajes de las brujas algo que no a todos los coros les puedo pedir.

-¿Cómo ha sido el trabajo con Miquel Ortega, el director musical?

-Yo ya había trabajado con él. Es un gran director y un intelectual, un hombre que conoce muy bien Verdi y Macbeth. Hemos estado de acuerdo en todo y eso es importante. He tenido su apoyo en todo lo que supone la puesta en escena.

-¿Hay diferencias entre el montaje que se estrenó en Jerez y el que se va a ver en Córdoba?

-Muchas. En Jerez funcionó pero el teatro tiene otras características. Como he dicho, aquí la propuesta es contar la historia no con escenografía sino con imágenes, y eso permite adaptarla a cada teatro y a la singularidad de la caja escénica. En este caso el juego escénico se hace a través de unas grandes puertas de madera que podrían ser paredes interiores o exteriores de un castillo. Un tanto por ciento muy elevado del espectáculo es nuevo en términos de producción, imágenes y puesta en escena. Precisamente estos días estamos ajustando el espectáculo al escenario.

-Macbeth constituye una de las tres incursiones de Verdi en Shakespeare. ¿Qué estímulos encontraba en él?

-Verdi habla de que esta es una de las obras que más quiere. Miquel Ortega explica que éste fue un momento de inflexión en su trayectoria, como también lo fue Nabucco. Es un Verdi que respeta mucho al autor y que recrea muy bien. En Macbeth se respeta casi el cien por cien del texto, y esto es de agradecer, porque hay otras obras como Il Trovatore en las que yo no sé muy bien qué se está contando. Verdi se luce con Macbeth porque la historia es espléndida y él le da un tratamiento musical a cada personaje que ayuda mucho más a contar la historia tal como la imaginó Shakespeare.

-¿Falta cultura operística en Andalucía?

-Falta ópera. En Andalucía la ópera empezó a hacerse gracias a las restauraciones de los teatros públicos en los años 80. El Gran Teatro de Córdoba, el Lope de Vega de Sevilla, el Cervantes de Málaga, el Falla de Cádiz... fueron remodelados y empezó a haber óperas, pocas y nunca en grandes producciones porque los teatros no estaban preparados para ellas. Pero hubo mucho Rossini y mucho Mozart. Yo he estado relacionado mucho tiempo con la ópera, como director de escena y como director de teatros públicos. En el Lope de Vega me tocó la época después de la remodelación y posteriormente tuve el privilegio de poner en marcha un teatro de ópera en Sevilla [el de la Maestranza], algo que nunca había existido. En Andalucía, con Sevilla a la cabeza y también con Málaga y Jerez, la máquina operística se empezó a mover, pero de una forma lenta respecto al resto del país y del mundo. Se puede hablar de una cultura lírica, unida también a la zarzuela, pero una ópera es cara, una producción puede reunir perfectamente a doscientas personas, y en tiempos como estos de crisis hay que hacer grandes esfuerzos para tener aunque sea dos títulos por temporada, como ha hecho este teatro. Es un logro que hay que aplaudir. Lo fácil es crear el público, pero si lo pierdes, recuperarlo es difícil. Lo que más miedo me da es que desaparezcan las cosas que hemos conseguido. La cultura tiene que ser pensada desde la política como una inversión.

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