Cultura

Un vals con la Musa

Drama, Francia, 2013, 96 min. Dirección: Roman Polanski. Guión: R. Polanski y David Ives. Fotografía: Pawel Edelman. Música: Alexandre Desplat. Intérpretes: Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric.

A sus ochenta años, Polanski parece haber encontrado un gran filón y una nueva juventud en el formato de cámara (otros lo llamarán "menor") para el gran público adulto, retomando sus viejos temas y obsesiones para hacerlos más suyos si cabe, transponiendo en materiales ajenos, aquí una inteligente y sardónica pieza teatral de David Ives para un único escenario y dos actores, retazos y ecos de su propia autobiografía personal y profesional.

La Venus de las pieles nos lleva a un viejo teatro parisino en un día de tormenta bajo los acordes de una música grotesca de Alexandre Desplat. En su interior, un dramaturgo está terminando una serie de audiciones para el papel de Vanda en la obra de teatro homónima basada en la novela del austriaco Leopold von Sacher-Masoch, padre conceptual del sadomasoquismo. Cuando está a punto de marcharse, aparecerá una misteriosa mujer para suplicarle una última prueba.

Comienza entonces un prodigioso duelo de la palabra y la máscara que entra y sale del texto con una enorme fluidez, balanceándose entre varios niveles de ficción gracias al espléndido trabajo de Emmanuelle Seigner, a la sazón la esposa de Polanski, en la que sin duda es su mejor interpretación en el cine, capaz de pasar del registro vulgar a la sutileza interpretativa sin solución de continuidad, y un Mathieu Amalric no menos espléndido y dual tras el que no es difícil adivinar al cineasta polaco.

Servido así este juego de escena especular, La Venus de las pieles se lanza a la eterna batalla de los sexos, al duelo entre la razón y las (bajas) pasiones, al desafío constante entre el dominador y el dominado, con esa finura y ese sarcasmo inteligente que Polanski domina como pocos, entrando y saliendo de las sombras, modulando los muchos niveles de la pieza, haciendo suyos de nuevo un espacio cerrado y unos materiales afilados que nos remiten al origen de muchas de las obsesiones que han atravesado su filmografía, sobre todo en un último tramo, de Lunas de hiel o La muerte y la doncella, a El escritor o la más reciente Un dios salvaje. Se diría que en manos de este Polanski veterano y pequeño, la condición y la mezquindad humanas pueden ser también un gran y entretenido espectáculo de humor negro.

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