Línea de fondo

Santiago Cordero

Santiago.cordero@jerez.es

El legado

Los recuerdos de los que se nos fueron son cicatrices en el corazón

Hoy es día de sentimientos encontrados, nos quedamos embelesados, casi traspuestos, cuando vemos a nuestros hijos, sobrinos, nietos o cualquier niño abrir los juguetes de los Reyes Magos con tanta ilusión. Al mismo tiempo, mezclamos esa alegría con la nostalgia de nuestra infancia perdida, del camino andado que se llevó esa ilusión, pero, sobre todo, que se llevó a familiares o amigos queridos.

La pasada semana hubo un homenaje en el Ramón Sánchez Pizjuán a José Antonio Puerta por parte de un chiquillo que ha superado una lesión de corazón similar a la que acabó con la vida del ídolo de Nervión. El ambiente de la afición, siempre desde el respeto y el recuerdo, era festivo. Algo parecido ocurrió a finales de noviembre cuando se realizó un homenaje a Fernando Martín al cumplirse los 30 años de su muerte. Son homenajes desde el dolor y el respeto, pero casi siempre en un ambiente de halago, de alegría por recordar el legado que ellos nos dejaron. Al fin y al cabo, la sociedad solo recuerda a los que nos dejaron una herencia de hechos y valores.

Los recuerdos que tenemos de los que se nos fueron son cicatrices en el corazón, cicatrices que duelen cuando tus pensamientos las rozan. Algunas cicatrices son casi imperceptibles porque el tiempo las han cerrado casi definitivamente, pero que de cuando en cuando, un pinchazo, te recuerda que siguen ahí. Otras, por recientes, están en carne viva, queman, supuran y es tanto el dolor que creemos que jamás podrán sanar.

Decía Pau Gasol hace unos días tras la muerte del excomisionado de la NBA, David Stern: “Hoy la NBA pierde a una leyenda, un líder que cambió nuestro deporte a mejor. Un padre, un marido, un amigo”.Por encima de los recuerdos, de lo vivido, del cariño, del amor, está la huella dejada, eso es lo que une a Fernando Martín, a Antonio Puerta o David Stern o tantas otras personas. No se trata de si has sido rey o vasallo, rico o pobre, licenciado o analfabeto. Es, más bien, sobre cómo viviste la vida que te tocó en suerte, cómo aprovechaste el tiempo, de cuánto amor regalaste, de cuánto diste, de los valores que marcaban tu día a día, de qué influencias has dejado en el corazón de los que te conocieron.

El legado de las grandes personas es lo que hace que transciendan después de fallecer. Por eso, aunque la cicatriz, por reciente, quema, supura y duele, tengo claro que el legado de mi querida Marta superará con creces y para bien la pena que hoy reina en nuestros corazones.

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