José Luis Repetto Betes

Jerez tiene un santo: Juan Grande

Tribuna libre

31 de mayo 2024 - 01:00

Hace unos meses andando por este Jerez de mis amores llegué a un sitio donde vi que había un monumento a Santa Ángela de la Cruz y a unas jóvenes que le ponían al pie de la imagen unas jarritas con flores. Yo me paré y les pregunté a las jóvenes: ¿Sabéis quien es esta santa? Contestaron: “Claro, Padre, es madre Angelita, Santa Ángela de la Cruz.” Proseguí: ¿Y qué hizo para que la hayan nombrado santa?” Contestaron: “Ay, infinidad de buenas obras. Se ocupó de los pobres, de los enfermos, de los hambrientos, de los desgraciados, y les brindó a todos su corazón de madre.” Proseguí preguntando: ¿Y esta santa vivió aquí en Jerez? Me contestaron: “No, Padre, vivió y murió en Sevilla.” Seguí preguntando: “¿Y ella venía mucho por Jerez, no?” Contestaron: “No, Padre, ni siquiera vino a Jerez el día de la inauguración de la casa que sus hermanas tienen en Jerez, tenía muchas cosas que hacer, todas más importantes que venir a Jerez.” Y yo seguí preguntando: “¿En Jerez ha habitado algún santo que se haya dedicado a los pobres, los enfermos y los humildes?” Contestaron: “Que sepamos no.” Pregunté: “¿Habéis oído hablar de San Juan Grande?” Contestaron: “No, Padre, no sabemos quién es”. El corazón se me partió de dolor y entonces les conté a las jóvenes brevemente la vida admirable de San Juan Grande; que se vino a Jerez con 18 años y se murió a los 54 contagiado de atender a los apestados y después de haber fundado un hospital para los pobres. Dijo una de las jóvenes: ¡Ay! Sí, me parece que ese es el hospital del hermanito Adrián.”

Sevilla ciertamente tiene una larga colección de Santos y beatos. Jerez tiene ya dos jerezanos en los altares: el Beato Manuel Jiménez y el Beato Jose Ignacio Gordon de la Serna. Manuel era de familia modesta, la de José Ignacio eran los marqueses de Irún. Manuel murió fusilado por los rojos en Cataluña y Jose Ignacio fusilado por los mismos en Játiva. Dedicó su dinero a construir un nuevo colegio para educar bien a los niños del pueblo. En medio pues de estos dos beatos, Jerez tiene la gloria de que sus calles y plazas fueran pateadas sin cansancio por un gran santo, siervo de los humildes y de los pobres, pero no se negaba a hablar con los ricos y recogerles dinero para sus obras de caridad.

Siendo todavía beato en 1986 el papa San Juan Pablo II lo nombró patrono de la diócesis de Jerez.

Hace unos cuantos años ya me quedé helado cuando oí decir a una persona significada en Jerez, que no le gustaba Juan Grande como patrono si no que debía ser Juan Pablo II porque hizo obispado a Jerez. Comentando lo que decía esa persona sobre Juan Grande, me dijo un señor muy serio que esa persona a quien no le gustaba Juan Grande, en realidad lo que no le gustaban eran los pobres.

Contagiado de asistir a los apestados de la gran epidemia del año 1600, Juan Grande, o el Hermano Juan Pecador, como lo conocía Jerez, el 26 de mayo del citado año se cayó en la calle desvanecido, lo llevaron a su hospital y como no tenía cama porque él dormía en el suelo o en una tabla, en ella lo dejaron; los hermanos del hospital, que eran muy pocos le daban vueltas y al mediodía del 3 de junio de 1600, se encontraron que el hermano Juan Pecador, abrazado a una cruz, había volado al cielo.

Para enterrarlo, llamaron a cuatro palanquines que colocaron el cadáver en el filo del escalón más alto de la escalera, cayó y fue rebotando de escalón en escalón hasta que llegó abajo; con unos garfios prendidos a su ropa tiraron de él hasta llegar al corral donde al lado de un rosal y en un hoyo echaron el cuerpo. No hubo ni cánticos ni oraciones litúrgicas. Al cabo de un año fueron a sacarlo y encontraron que todo el cuerpo estaba consumido salvo alguna parte muy blanda, y entonces sí organizaron una procesión con ciriales y sacerdotes con capa, llevando los sagrados restos hasta la iglesia del hospital, en cuyo presbiterio lo enterraron bajo una losa con una inscripción. El canónigo que había sido su director espiritual habló en este traslado y dijo: “He confesado a Juan Pecador desde que llegó a Jerez cuando era un jovencito. No ha cometido en su vida un solo pecado mortal. Lleva en su alma la inocencia bautismal”.

Todo Jerez estuvo convencido de que la ciudad había vivido y trabajado un santo, y en 1630 se le empezó la causa de beatificación. Esta, por causas largas de contar aquí, no llegó hasta 1853, cuando ya la desamortización había cerrado el hospital de Juan Pecador y adaptado a hospital el antiguo y hermoso convento de la Merced, y que tantos de nosotros hemos conocido. Los restos del Beato en 1841 fueron llevados a San Dionisio y allí estuvieron hasta que en 1928 los hermanos de San Juan de Dios se los pidieron al Cardenal Arzobispo, y se los llevaron al Sanatorio de Santa Rosalía, que volvió a ser casa de la orden hospitalaria de Jerez.

Con motivo de su canonización en 1996, pareció que se reavivaba el fuego de su devoción en Jerez, pero ahora tengo la sensación de que era un fuego fatuo, porque San Juan Grande en Jerez es hoy un santo ignorado y olvidado. Una gran injusticia. Me da mucha envidia ver la enorme devoción de Sevilla a su santa Madre Angelita, y que no hay una devoción parecida en este Jerez de mis amores a este increíble santazo.

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