Una vuelta más

Pompas de jabón

El autor utiliza el símil de las esferas huecas jabonosas, para describir a esos autoritarios y engreídos que, como las burbujas acuosas, deberían durar sólo unos segundos y estallar por sí solas

Las pompas de jabón proliferan y se eternizan en la política. Las pompas de jabón proliferan y se eternizan en la política.

Las pompas de jabón proliferan y se eternizan en la política. / ©️ JESÚS BENÍTEZ

La imperfección del ser humano da sentido a su permanente evolución, pero no le justifica. Alardeamos de avances o progresos que, en realidad, han surgido de errores o tropiezos inesperados, o bien fruto de lo espontáneo. Es así como se construye el futuro, desde fracasos relevantes que no deben caer en el olvido y que, obligatoriamente, hay que asumir, reconocer y analizar para que resulten útiles o productivos. Los accidentes, en muchos casos, son el origen de un beneficio posterior, porque regeneran y estimulan cual reguladores de un defecto.

En el sentido inverso a esa humanidad que avanza desde sus limitaciones, encontramos también otros ejemplos, no aislados, de aquellos que prefieren quedarse en el origen primitivo de las especies, que catalogó Darwin, pues optan por el inmovilismo, una curiosa actitud distante y a la vez hermética de imbuirse en la falsa e ingenua creencia de que así serán inmunes a los conflictos. Envueltos en un caparazón de errónea autoprotección, este grupo de sujetos ofrece un comportamiento que resulta frustrante para los que les rodean, pues con ese distanciamiento ponen a gala su egoísmo patológico, aderezado con una incredulidad sistémica y, por ende, una falta de compromiso o empatía hacia sus semejantes. Desdeñan el bien común, ignoran los consejos inteligentes, las propuestas enriquecedoras, la tolerancia que emana del conocimiento adquirido gracias al esfuerzo formativo, no académico, sino el que proviene de la experiencia vital, algo que a estos narcisistas les da pánico o aborrecen.

Estas figuras flotantes suelen ser autoritarias, engreídas y posesivas, sin distinción de sexos. Sólo creen en sí mismas y no pierden ni un segundo en valorar la sabiduría o acierto de quienes están a su lado, por el contrario, les van neutralizando, desautorizando o menospreciando. Se distancian de la realidad y así no le hacen frente. Ese es el modus operandi de quienes actúan como pompas de jabón, en permanente actitud fatua, aquellos que nunca responden a una llamada telefónica, mensaje o email en tiempo y forma, solo están operativos si les apetece. Son los que salen bien en las fotos alardeando de pose, maquiavélica, claro. Seres virtuales, de La Red física, nunca metafísica, no dan la cara. Son pantomimas de lo humano, espejismos de sensibilidad, carentes de un criterio sostenible, singulares actores, propagandistas natos.

Quienes obran cual pompas de jabón causan perjuicios. Quienes obran cual pompas de jabón causan perjuicios.

Quienes obran cual pompas de jabón causan perjuicios. / © ANITA MIRALLES

La imagen gráfica de estos personajes, poco comunicativos y sordos de conveniencia, es simple y descriptiva: inflan una burbuja y se meten dentro. Viven la realidad a distancia, sólo perciben aquello que les interesa de ella, agazapados en su parapeto, silentes y apáticos, reacios al contacto. El perjuicio causado por esas conductas ensimismadas radica, esencialmente, en que muchos de los que las practican ocupan cargos políticos de importancia para la sociedad. Pero nunca están si se les necesita, o delegan hasta la extenuación, ralentizan hasta lo que no precisa estudio. O bien no oyen, o exasperan con sus métodos de discriminación hacia quienes intenten comunicar, inquirir o reclamarles algo. No son racionales, no. Ellos establecen un sistema de respuesta a las urgencias que siempre es discordante con las necesidades reales y efectivas, pues carecen de reflejos. Como consecuencia directa, encontramos el desamparo, la frustración, la amargura y una tendencia agnóstica hacia esa clase dirigente, a la vez que ausente.

Dado que estas nocivas pompas de jabón difieren de las originales esferas huecas acuosas con las que juegan los niños y que duran sólo unos segundos antes de estallar por sí solas, su vengador al uso tiene a mano una opción factible para eliminarlas, metafóricamente, que pasa tanto por las urnas como usando a conciencia una dialéctica intelectual contundente, cual objeto punzante, para acabar con ese dañino discurso jabonoso, gaseoso, populista, mentiroso y demagógico que utilizan. Pinchándoles sin cesar, acabarán explotando con su onomatopeya correspondiente: 'Plop'…

(*) Jesús Benítez, periodista y escritor, fue Editor Jefe del Diario Marca y, durante más de una década, siguió todos los grandes premios del Mundial de Motociclismo. A comienzos de los 90, ejerció varios años como Jefe de Prensa del Circuito de Jerez.

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