Con la visita de los presidentes de la Unión Europea a Turquía se revela el tema de los valores democráticos. Turquía tenía una larga tradición laica fundada sobre la revolución de Atartürk en 1924. Desde que el actual presidente, Recep Tayyip Erdogan, llegó al poder, destruyó todas las expectativas de igualdad de derechos y obligaciones de hombres y mujeres.

Desde el comienzo del mandato permitió la obligación de cubrir la cabeza femenina con el velo. Poco a poco fue imponiendo el predominio musulmán como religión del estado. El Presidente Erdogan hace unas semanas abandonó el acuerdo suscrito para la igualdad de derechos y obligaciones de mujer-hombre. La catedral Santa Sofía en Estambul fue convertida en museo hace años: El Presidente Erdogan la ha reconvertido en mezquita. Ha encarcelado a profesores, periodistas, militares, civiles… Y ahora dice que ha recibido un golpe de estado por parte de los militares jubilados.

A la Presidenta de la Comisión Europea, Von der Leyen, en las conversaciones sobre la igualdad, la han sentado en un sofá aparte, y al presidente de la Comisión, Charles Michel, en un sillón al lado del Presidente Turco. Michel no protestó. El negocio es lo importante, los derechos se pueden vender y comprar. Europa no puede perder los valores de su constitución. Sin valores, el beneficio económico es el nuevo becerro de oro.

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