Cuando vuelve a Sanxenxo (Galicia) Juan Carlos de Borbón, ha habido gente, de la que se habla poco, que se manifestó criticándole, mientras otros, con gran repercusión mediática, le vitoreaban "con cariño" por su regreso a España y su disposición a seguir regateando. Con una infumable mezcla de ¡Viva España! y ¡Viva el Rey! - como si fueran dos realidades inseparables - se ha vitoreado a alguien con delitos fiscales acreditados y con posibles delitos de blanqueo de capitales y cohecho. Que se ha librado de juicio y condena por su inviolabilidad - aunque fueran actos de su ámbito privado ¡vaya tela! - y prescripción - poca prisa se dieron para investigar -.

Eximentes que nunca serían de aplicación para los súbditos que apasionadamente le aclamaban. Solo les faltaba gritar aquello de ¡Vivan las cadenas! que le decían a Fernando VII mientras le desenganchaban los caballos para tener el honor de sustituirlos tirando del carro. Quizás, como en Sanxenxo no había carro y caballos, a alguno le hubiera gustado soplar a boca llena en las velas del "Bribón" para que navegara mejor.

"Vivan las cadenas//Viva la opresión//Viva el Rey Fernando//Muera la Nación". Fue una letrilla que se cantaba entonces por seguidillas y que hoy sería una magnífica letra de carnaval, mutatis mutandis. Como magnífica la letra de Martínez Ares: "Por fuera… carajotes enganchaos al carnaval. Por dentro… hay que respetar el convenio del metal…Somos de hierro". ¡Qué diferencia con Sanxenxo! Aunque, como dice Vera Luque en otro estupendo pasodoble, algunos "Cuando hay que votar//no se cortan un pelo y le dan el voto y to lo que haya que dar// a la misma camarilla que luego les va a explotar". Porque aquí también, emocionarse con estas cosas, ser obrero y luego votar a la derecha viene a ser como gritar "¡Vivan las cadenas!.

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