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Cuchillo sin filo

Francisco Correal

fcorreal@diariodesevilla.es

Adiós, Dios

Mezclar Franco e Iglesia es un cóctel infalible que va de los telediarios a las tripas sin pasar por el intelecto

Franco y la Iglesia. El cóctel es infalible para movilizar y ocultar los asuntos candentes. Como estandartes, siguen funcionando porque van de los titulares del noticiario a las tripas sin pasar por el intelecto. Se juntan los dos conceptos y se forma el anfibio del nacionalcatolicismo como si estuviéramos todavía en tiempos del cardenal Segura, bien antifranquista. Estos dinosaurios estaban dormidos, pero el científico loco los ha despertado en el parque jurásico de la simplificación ideológica. Todo ello en el runrún de las tesis doctorales y los másteres donde las competencias de Universidades están en un ministerio dirigido por un astronauta en el Gobierno de un marciano.

Un nuevo Howard Carter ha rescatado la momia del Tutankamón del Ferrol. A un ciclo de la Bienal de Flamenco de Sevilla le han puesto Flamencos contra Franco. Independientemente de la lección de coherencia y dignidad que dieron los hermanos Moreno Galván, se podría haber organizado otro ciclo titulado Flamencos con Franco, aunque su dominio era en otro tipo de palos. Antonio Zoido, director de la Bienal, hombre procedente de la izquierda, con trienios de resistencia antifranquista, recordaba hace poco las colas interminables de gentes para despedir al Comandantín, como dicen que llamaba Carmen Polo al paisano del histórico Pablo Iglesias. La congoja o simplemente la desazón ante un mundo nuevo e incierto -la muerte de Franco fue lo más parecido a la llegada de internet- también debió llegar a muchos profesionales del tiento y la petenera.

Si el viejo levantara la cabeza y me viera aquí cantando... Así empezaba el estribillo de la chirigota gaditana Los bisabuelos del 55. Si Franco levantara la cabeza se encontraría un país irreconocible en el que sólo se acuerdan de él los epígonos de sus adversarios. El tiempo, esa memoria llena de olvidos de la que hablaba Benedetti, es el principal antifranquista. Evocarlo aunque sea para aventar sus cenizas es hacer franquismo a la contra. Franco vería un país donde la gente recoge la caca de los perros, ya no se suena las narices con pañuelos de tela y lleva tatuadas en brazos y antemuslos serpientes y catedrales. Han vuelto a certificar la muerte de Dios sin leer a Nietzsche en una cultura que administra la muerte de su hijo. "No escondí el rostro ante ultrajes y salivazos", dice el libro de Isaías en el Evangelio de ayer. Willy Toledo no fue a clase el día que dieron a Pasolini.

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