Entre paréntesis

Rafael Navas

rnavas@diariodejerez.com

Fantasmas que regresan

Como no debe ser casualidad que el inicio de la nueva campaña electoral haya comenzado la noche de Halloween, tampoco debe extrañarnos que los prolegómenos de esta nueva carrera hacia las urnas hayan devuelto al escenario a los peores fantasmas, hasta el punto de que el jueves resultaba complicado, en ocasiones, distinguir entre algunos políticos y personas disfrazadas en su mayoría terroríficamente.

El grado de tensión y radicalidad con el que se ha llegado a la nueva cita electoral es preocupante. De poco ha ayudado la situación en Cataluña, donde las noches se han convertido después de la sentencia del llamado 'procés' en pesadillas propias de historias de zombies, ciudades sin ley dominadas por el fuego que alientan quienes ocupan los sillones de gobierno de las instituciones autonómicas, verdaderos artífices de las purgas que se desatan cuando se pone el sol. Este desprecio a las leyes y descarado insulto a los demócratas ha creado un caldo de cultivo para las posiciones más extremas, de uno y otro lado, cuyos frutos venimos recogiendo desde hace semanas y eclosionan ahora, en puertas del 10-N. A poco ha ayudado, por otro lado y por necesario que fuera, el hecho de que la exhumación del dictador Franco se haya realizado en un momento así, bien sea por casualidad o porque se hubiese buscado con fines electoralistas.

En esta especie de ciudad probeta que es Jerez para todo, dada su dimensión y pirámide poblacional, hemos tenido en apenas 48 horas a Pablo Iglesias y a Santiago Abascal, yin y yang de esta realidad dual que nos viene invadiendo en los últimos tiempos. Por fortuna, a pesar de algunas amenazas de intolerantes que no pasaron de amagos anónimos en el mundo virtual de las redes sociales y alguna pintada, ambos pudieron lanzar sus proclamas sin que hubiese incidentes, como tiene que ser. Pero asustan algunos discursos que se han podido leer y oír entre dirigentes y seguidores de los partidos que lideran los dos mencionados.

Bastante polarizado está ya este mundo como para que desde la política se azuce el veneno de la división y la violencia que, como hemos tenido la desgracia de ver, llega incluso hasta los terrenos de campos de fútbol, por muy humildes que éstos sean. Porque el odio, cuando se asienta, no conoce límites y traspasa hasta los sentimientos que deberían ser tan nobles como los del deporte o los de la educación, como también se está viendo en las ultrajadas aulas catalanas. Se han creado monstruos que vienen a vernos con demasiada frecuencia, demasiada.

Asistimos ya a una campaña electoral más corta de lo habitual, que pretende ser decisiva y que, por encima de todo, debe concluir con un escenario político en el que, gobierne quien gobierne, devuelva a este país, a cada rincón de España, la paz, la serenidad y la estabilidad necesarias para poder afrontar los numerosos retos que existen y de los que poco se habla porque el discurso de brocha gorda siempre da más votos.

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